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Castillos en el aire teuentas de la lectiera todo eso son frutos de la estación. El eatio está empedrado de buenas intenciones. Como si fuera pecado que el hombre laborioso dedicase los meses de calor únicamente al sosiego espiritual y al descanso del cuerpo, nadie quiere dar su brazo á, torcer, y todo personaje notorio hace constar por medio de la prensa que sigue desviviéndose por el bien de la patria lo mismo cuando se arroja al mar en traje de baño que cuando ostenta en el Congreso la alta investidura de representante de Ja nación. ¿Qué tal, D. Panfilo, siguen molestándole las herpes, ó puedo contar en el periódico las excelencias del tratamiento sulfuroso? -Lo que á mi me molesta y me enrojece el cutis (puede usted decirlo muy alto en su periódico) es la indemnización Mora. Todo el verano me lo he pasado en la playa recogiendo datos, antecedentes, conchas y caracoles, con objeto de poner al Q- obierno como hoja de perejil. Ya leerá usted la hoja- ¿De perejil? -No; la hoja que pienso publicar para que la nación se entere de que aún hay quien vela por ella desde las playa del Cantábrico. Si hay muchos personajes que veranean por el extranjero, no lo hacen ciertamente por recreo y diversión ni en aras de su salud individual, sino por y para la salud de la patria. Saluspopuli suprema lex esto, como nos decían en clase de Dereoho Eomano. El ilustre catedrático D. Perengano no se marcha á Inglaterra por capricho suyo, y buena prueba de ello es que el Estado le paga el viaje. Va á asistir á un congreso monetario muy importante, así como D. Fulanito lleva una comisión de Fomento para estudiar Is fauna y la ñora de las playas alemanas, y D. Zutano es delegado de las Asociaciones científicas para indagar la historia, arqueología, usos y folk- lore de cualquier sitio fresco. Eti luminosas memorias y eruditas disertaciones hemos de ver durante el invierno el brillante resultado de estos veraneos, tan útiles psra la madre patria. Ya traen los periódicos los cualros completos de las compañías que han de actuar en los teatros de Madrid, así como una lista interminable de obras por estrenar. La labor veraniega ha obrudo el milagro de unir elementos teatrales que antes del verano se consideraban enemigos de muerte. La brisa del mar ha obrado como tónico sobre tantos y tantos manojos de nervios puestos de punta. De las obras teatrales cuyo estreno se nada digamos. Las serias parecen traer en sus quintillas toda la liquida amargura de los mares; las cómicas vienen con toda la sal del Océano. Cada cual volverá á Madrid satisfecho de su labor y trayendo su misterio entre pecho y espalda. Este concejal ha estudiado en Bélgica el servicio de incendios; aquel comerciante se trae de París un escaparate como no lo ha visto jamás la sociedad madrileña; sombrereros y zapateros regresarán con los modelos de última novedad; los futuroa aiputados con el distrito amarrado y trincado en el saco ae noche; el empresario con su compañía formada; el torero con todas sus contratas; la niña con un sombrero flamante y un novio nuevo; los políticos con sus discursos embotellados; los autores con sus manuscritos; los estudiantes con sus libros de texto. Y todos, ansiando volver al Madrid de nuestros pecados, encuentran en el ruido acomodaticio del tren acompañamiento apropiado á toda clase de arias, rodando y rodando hacia Madrid con exceso de peso en el mundo de las ilusiones, ya que no en el mundo del equipaje. Lüís ROYO VILLANOVA DrBTi. TOS TiR C T L L A