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LA MELINDROSA Mujeres limpias conozco mas de dos y más de tres; pero limpia como Olimpia no ha nacido otra mnjer. Me lio yo del armiño, que si en la ocasión se ve, morir se deja en el agua por no mancharse la piel, y de la limpia famosa, de Burguilloa honra y prez, que al par lavaba y freía los huevos en la sartén. Mi Olimpia duerme con guantes con guantes hace crochet, y estrenarlos acostumbra á las horas de comer. Jamás escupe en el suelo, ni se arrima á la pared, ni en su presencia permite que tome nadie rapé, por aquello de que el polvo -tm puede ensuciarla después; más que limpieza de sangre, suele, á los que quiere bien, pddir limpieza de ropa como signo de honradez, sia que tolure otra mancha que la del pecado aquél, y eso porque no esta claro quién el responsable fué. Tiene por oficios viles á cuantos han menester pinceles, pluma ó colores, que tiznan alguna vez, y sólo encuentra aceptables el do heredero de un rey, DIBUJO DI MÉNDEZ BRINGA ioleoeionador de perlas ó modisto parisién. Vo hay catedral que en el día más señalado del mes, cuando entre flores deslumhra la Yirgen bajo el dosel y casi llega el incienso la atmósfera á enrarecer, haela como Olimpia huelo, terminada su toilette, desde la sedosa trtiiza hasta el dimiiiuto j it; y con todo, pese al vulgo simple, cuando no cruel, hay quien de su alma y sus ojos dice que ha visto á través, y á jurarNseE L D E L P A L A C I O M A U atrevería si de Olimpia fuera juez, que algo su limpipza oculta y su perfume también.