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¡Oh cjioventuprimavera della vita! que dijo el poeta. ¡Caán gratas transcurrieron las horas en aquel salón, en uno de cuyos muros se alza airosa y elegante, trazada de mano maestra por el delicado pincel de xVLasriera, la figura gentil de la actaal marquesa de Vistabella! Evocación parece de la primavera aquel hermosísimo retrato, en que se nos presenta la bella americana destacándose con el traje de raso blanco bordado de perlas sobre el azulado fondo del severo tapiz bordado de oro, con el abrigo de pieles, que al caer sobre el sillón se enreda en el brazo alabastrino de la dama, á cuyos pies, desbordándose de un elegante búcaro, las lilas, como emblema de la primavera, despliegan toda la variedad de sus matices Los domingos están alli consagrados á la literatura y al arte. Ese día siéntanse linicamente á la mesa las damas de la casa: la señora d i Hoda y sus dos hijas mayores; los demás comensales pertenecen todos á la aristocracia del talento. Habitualmente concurren á estos banquetes Castro y Serrano, el académico ilustre, autor de tantas obras notables; Ricardo de la Vega, el aplaudido autor de La verlena de la Paloma, y Grilo, el autor de esa otra Fe; bena que arranea tant 18 lágrimas como carcajadas la de Vega; Javier de Bargos, el ilustre y popular sainetero; Qaerol y Benlliure, los dos afamados artistas que en lides gloriosas se disputan el cetro de la escultura; Moreno Carbonero, el laureado pintor, cuyas últimas obras figuran ya en el salían de aquella casa como merecido tributo de admiración al insigne artista; el ministro de Costa- Eica Sr. Peralta, que jnnta timbres de diplomático con laureles de literato SAI. OH GBANDE López Muñoz, diputado granadino que escribe romiances primorosos; Baldelli, cuya voz portentosa electriza á la concurrencia; ira 5o Z y Valdeiglesias llevando gallardamente la representación de la prensa; Manuel del Palacio, el popularlsimo poeta, cuya vena inagotable nos ofrece sus últimas Olñspos; Ferrari, cuyo hermoso poema En el arroyo es siempre oído con admiración por los concurrentes; Cánovas y Vallejo, los dos hermanos, escritor distingoido el uno, pintor afamado el otro... Y acaso olvide algún nombre, algún nombre célebre, como todos los que alli se congregan los domingos. Kodeada de celebridades que el público ha consagrado con su aplauso, la señora de Boda tiene allí campo abierto para desarrollar todas las galas de su ingenio. Preside con sin igual encanto aquellos torneos literario- artisticos, y á veces ella misma toma parte en la fiesta pulsando con delicadezas de artista las doradas cuerdas del arpa, en la que es una eminencia. TJn detalle: á los invitados á las comidas de los domingos, la señora de Roda les ha impuesto una obligación la de que, en caso de no poder asistir, la carta ó tarjeta en que asi se lo digan ha de ir escrita en verso; de este modo, la lectura de la poesía es en cierto modo una compensación á la falta del poeta. Es curiosísima la colección de cartas de este género que guarda la opulenta anfitriona. Así transcurren las veladas de los domingos en el hotel del paseo de la Castellana.