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LOS SALONES IV DE MADÜID EL HOTEL DE LOS SEÑORES DE RODA (MARQUESES DE VÍSTABBLLA) Uao de los pocos salones que no se cierran en Madrii ni una sola noche durante el iavierno es el d l distinguido matrimonio cayo nombre figura al frente de estas lineas. La liarmoaa dama que apenas presentada en la sociedad madrileña por su marido, diputado, y hoy senador por la provincia de Q- ranada, logró reunir en torno suyo lo más granado del mundo aristocrático y á. lo más selecto del mundo artístico y literario, comprendió con su talento olarisimo que quien con tales elementos contaba no debía buscar f aera de su salón distracciones y goces intelectuales, de los qiie alli tenia manantial abundante. Congregó, pues, á sus amigos en diarios y amenísimos banquetes, seguidos de veladas deliciosas, en las que la música y la poesía, contribuyendo por igaal al deleite de la escogida con- SALA DE COXFIAKZA carrencia, hallahan inspiradísimos intérprete? distribuyó con tacto extraordinario las diarias inviticiones, y asi sus hijas, bellas y discretas como ella, tuvieron su día, el maltes, para reunir á sus aristocráticas amigas. Los martes, pues, el salón de Roda, como todos le llaman, era centro exclusivo de Ja juventud, y en torno á las señoritas Elena y Luz Barrios se reunia brillante plévade de gentilísimas niñas y de distinguidos jóvenes. Entonces los salones se iluminaban con todos los resplandores de la luz eléctrica; los muelles tapices dejaban al descubierto el parquet lustroso y brillante, que parece una muda invitación al va! las flores, encerradas en vasos de cristal ó porcelana, exhalaban delicados aromas, y el piano, el hermoso piano de palo de rosa, preciada joya que hizo traer de los Estados Unidos la opulenta dueña de aquella morada, manejado por hábil artista, dejaba oir tus notas alegres.