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H a r á nnos veinte días liaron la maleta y fuéronse á los baños de Filfarrifftirrea, don Blaa, á ver si alivio hallaba en sa jaqueca; á ver 8 Í su reuma cedía, doña Tecla, y sus cnatro retoños Inés, Luz, Concha y Petra, ya todas talUiditas y, más que guapas, feas, á ver si allí dejaban por fin de ser soltera Don Blas, diez y ocho duchas tomó de regadera; su esposa, veinticinco de chorro y escocesas; miradas incendiarias lanzaron las doncellas á pollo de veinte año y kgallos de cincuenta, y nadat cada día más írrave doña Tecla, don Blas con los dolores de siempre en la cabeza, y todos los bañistas de Filí arrigurrea huyendo de, las pobres Inés, Luz, Concha y Petra. El lunes regresaron más blandos que una hrevf sufriendo los vaivenes de un coche de tercera. Fui á verles. lAy. amigo, me dijo doña Tecla, mis males ya no tienen remedio! Son goteras de casa vieja, y oso ningiln doctor lo arregla. Claro es que aunqne yo opino igual que opina ella, traté de disuadirla. En vano! Es una vieja qne no se hace ilnsiones respecto á su dolencia. No asi sus cuatro niñas Inés, Luz, Concha y Petra. Lo mismo en los Madriles que en Filfarrigurrea, qne allí donde el Destino las Heve en sns revueltas, tendrán siempre esperanza de hallar alguien que sea capa de hacerlas suyas cual Dios manda y la Iglesia. Y asi pasa con todas ¡Jamás las hijas de Evr, que sufren de lo mismo que Inés. Lnz, Concha y Petra, renuncian á curarse de su cruel dolencia, por grave, por terrible, por crónica que sea! J U L I O R. G A E M E N D I A