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TOREROS FRANCESES El oaso rJe Robert, cnyo retrato va al frente de este trabajo, me recuerda cosas vividas, como dicm en Francia, y alg. i así como la historia del desarrollo de la afición á los toros en el pais vecino. Porque no hay que dndario: á medida que los toros y los toreros deraon en i. ni stro pais, aumenta la il- í M afición en el Mediodía de Francia. íC. L f m JJigo en el Mediodía, porqne lo que es en París no habrá toros de muerte mmca. París es el centro de Ja civilización f -S de Europa. La fiesta de toros es bárbara, y lo digo yo, más aficionado á vifai 0 S fe B IKF toros que nadie, porque desde la edad fc -r S Bk J P í S Ém Si- K Á f HI de siete años me llevaron mis padres á verlos. Hicieron mal; pero ya no t e ñ e remedio: ah ci nado soy, y no una corrida. líepito, T H I B falto á que en el centro de la sin em S m j K M DLjlK. -fevV HB JJ ÜSEI bargo, civilizaSE M m M Kf B mi H B B I P ción no es posible que arraigue es T- J HHIS B ¿S S íTaHr- S Bfw W i MCilHS Sf ¿JI 6 KS L 9 pectáculo tan sangriento. W Wfe il Sf d t i Kjkj Y hechas estas salvedades y ob- I H n j L 1 i p- gjB í servaciones, voy á mi cuento. A B MH HHSÍIHÍH fí i m El Mediodía de Francia es una f mj éxx mí M f c a t J cosa aparte: es el país de Tartaria X, i í a- í- íía k j mt do Tara- cón; es una España moder. í s M w nizada, pero con instintos y aficiones V s í i f A m t ÉB a F áÉteJ. Í íéi: 5l tí: l á la manera de las nueftres: por algo MKHK mKBmf iml fWn fue nuestro una parte de squella l w 9 l m S fftg t j. y 4 Francia de Sur; por algo dejamos r B B m B SsKs si É í m restos de nuestras costumbrep, allí gustos y modas. j é Desde HeijHaya ha ti Dax; en 4- -f M Nimes y en Arles; en M nt- de- ATar ¡tíSm Bm, 1 ks W S m iK m if s san y en Peyrevrade, la afición á los i n n B m toros es antiquísima. E n Nimes y en w c 5 P BBBP S Arles se encontraron hechas las pla m MSh m fW f r i m T y Wm zas. Los romanos hicieron sus areIH S- j p g s í- -í- K H. fl BM p nas en aquellas ciudades para gozar viendo echar cristianos á los leones. K. ffi. 1 f M I Pues qué tiene de extraño q. ue los Mí i S n galos de ahora aprovechen aquellos íi fi i B m F M -inmensos anfiteatros para ver echar í? 3 mf Um tf. É É J V T toreros á los toros? Vino la Exposición de París, y se edificó en la rué Pergolese una Pla i á za de Toros estupenda para correr toros embolados y simular que se les mataba con etpadas de Caña. i? e gastaron en aquella pantomima nueve millones, y no se llegó al resultado deseado de matar los toro? Una tarde en que un toro, metiendo el cuerno por entre las mallas que cubrían á un penco, le sacó una tira de tripa, hubo desmayos, protestas é imprecaciones. La Sociedad protectora de los animales, y varias señoras sensibles, influyeron en la opinión y en el Gobierno, y, en una palabra, pronto se vio que los toros sin sangre no constituyen espectáculo y que aquello no era para la tierra en que se había instalado. Queda hoy el solar de aquella nueva Itálica famosa, y los nueve millones se los llevó el diablo. Pero al mismo tiempo que esto sucedí varios particulares pensaron, como buenos franceses, que ttn espectáculo en el que los actores ganan cinco ó seis mil pesetai por representación valía la pena de estudiarlo, y por aquel entonces recibí varias cartas sumamente interesantes. Eran de franceses que se dirigían á mi, como español y redactor del Fígaro, para consultarme sobre la manera de aprender y ejercer el arte de Montes y de Bafael Guerra. i m fe fc- m jwT M m SS i S L. B 1 Wjra T i í. mmm m k sJ SSi íé 38 Ks: -wm i KmWSBI