Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
por la playa corren aldeanos vascos vestidos de obscuros trajes y aldeanas envueltas en sayas multicolores; sombríos árboles ciñen y cubren como tupidos bastidores el hoy animado y limpio paseo del Antiguo; y allá, más lejos, una carroza negra seguida de caballeros montados, de alguaciles, de soldados, camina pausadamente, y tras del vidrio aparece unrostro pálido, semejante á mueca de agonizante Es el rey Felipe IV, que asiste indiferente á los espectáculos de la naturaleza, á las fiestas de sus vasallos Es en 1895. La Corte sale paraSan Sebastián. El tren real, compuesto de salones iluminados por eléctricas Claridades, corre como fanVISTA DE LA PEHLA DESDS L i PLAYA tasma por las llanuras de Castilla: á la luz de los foeos, gentes agrupadas en las estaciones del camino en cómo aparecen y desaparecen instantáneamente gentes cubiertas de oro y de cruces, cortesanos y militares tondilos en divanes, palaciegos, servidores y empleados vestidos con casacas y levitones t El tren fantasma pasa en alas del vapor; apenas si da tiempo que un alcalde de pueblo endilgue balbuciente cuatro premiosas frases de respeto, á que nn diputado provincial pronuncip el discurso trabajosamente aprendido, é, que un gobernador luzca el uniforme con tanto esmero y con tanta pimienta conservado, á que suenen desafinadas músicas, y pitos de tamboril se confundan con los silbidos de la máti quina lia llegada á Sin Sebastián es alegro é íntima como fiesta de familia: el cielo azul, arcos de verdura, sombrillas multicolores, colgaduras, música y cohetes animan la carrera. El coche real, envuelto tn filas de guardias reales que lucen nevados plumeros y cente. SSoS lleantes cascos, atraviesa la ciudad regocíjala; los reyes saludan, saluda el pueblo con expansivo júbilo. Desde el dia siguiente al de la llegada, los reyes bajan á la playa. Y á poca distancia del lugar en que EL KOMPEOLAS paseaba el triste Folipe IV, un rey niño, cubic rto por amplio sombrero de paja, juega con las olas del mar. quG vienen á estrellarse á sus pies y se deshacen en espuma como so deshace la impetuosa marea de las pasionts populares lü El Boulevard No 68 el Boulevard de París, capricnoso y ligero unas veces, iracundo y tremendo otras; no es la Kambla de Barcelona, bolsa al aire libre en que corren las gentes arrastradas por el vértigo del negocio y de la fortuna; no es la Castellana de Madrid, exhibición diaria de vestidos y escaparate de vanidades; ni el Ketiro, de amplios paseos y solitarias alamedas. El Boulevard de San Sebastián es como reducido salón en que la gente donostiarra recibe á España entera. Bórranse en él diferencias, clases, partidos, es suelas y personalidades. Allí, bajo un árbol, ha cantado Castelar sus últimosgorjeos do orador; más lejos, pasea Sarasate harto de esplendores y de victorias, cansado de las tnmul- UN dBDPO PSESENCIAHDO DESDE EL PASEO DE LA COMCHA LOS JUEGOS DEL BEY EN LA PLAYA