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SAN SEBASTIÁN (NOTAS) Los reyes en San Sebastián ¡Oh tiempos! ¡oh costumbres! Es en la primavera de 1660. Felipe IV casa 4 su hija la infanta María Teresa de España con Luis XIV de Francia. Y como casa la tierna infanta en Palacio, dispóhense preparativos de marcha. ¡Qué complicados aparatos! ¡Qué numerosa y pesada impedimenta! ¡Qaé lujo de precauoione. s, do temores, de profecías! Mácense rogativas, arden cirios en harroeos candelabros, anúncianse venturas La infanta se alegra, las damas se regocijan. ¡Qué placer abandonar unos dias el grillete de la etiqueta, entregarse é. los goces que ofrece) a hermosa naturaleza cantada por los libres pájaros! Las damas reales se marchitan tras los espesos muros de Palacio, sin que basten á solazarlas paseos y jiras por los adustos jarales del Pardo. La reiaa de España es reina cuando come, cuando bebe, cuando duerme, cuando mira al cielo, cuando baja los ojos á la tierra. Unioamente en el sepulcro no es reina. ¡Cómo no recordar aquel pasaje áel Suy Blas en que evoca Viotor Hugo las tristezas de la corte de los Austrias! Suena lejanamente la voz de bronce de quejumbrosa campana; una reina enamorada, una reina hermosa, rodeada de vejestorios cortesanos, de magnates entumecidos, de duquesas fósiles, de disecadas condesas y de marquesas en cartón- piedra, languidece, muere de angustia y de tristeza; un débil rayo del moribundo sol se filtra por el montante de espasa reja Kezos, toques funerales, rumores del viento acompañan al entierro en vida, al real sacrificio de una juventud envuelta ya en el sudario del tedio ¿Qaé placer no sentirán, pues, la infanta y sus cortesanos al columbrar como fin de la jornada por los áridos desiertos de Castilla la ciudad de San Sebastián inundada de marinos perfumes, el mar azul, la playa en que suspiran las olas? La Corte sale de Madrid con inusitado aparato. Días antes Velázquez, el gran pintor, ha salido camino de Irún, pues en Ja isla de los Faisanes se reunirán la? cortes de Francia y de España. En el Bidasoa, ancho mar de sangre cuando los odios seNIÑOS JOGANDO EN LA PLAYA paran á España y Francia, delgado hilo de plata que permite abrazarse desde la una á la otra orilla cuando el amor y la cortesía unen á las dos naciones rivales, alzará el autor de Las Hilanderas, para admiración de franceses y orgullo de españoles, fantásticos castillos, doradas fortalezas, aéreos pabellones, islas de verdura, imaginarios puertos, juegos de agua y náuticos artefactos. Mientras Velázquez se luce, los reyes de España caminan por las desoladas llanuras de Castilla. La comitiva real es numerosísima y aparatosa; cuando la cabeza de ella entra en Guadalajara, la cola se retuerce aún por los estrechos callejones de Madrid. Literas forradas de sedas y terciopelos y que guardan como en estuche á hermosas damas, tropel de lujosos caballos, filas de carrozas, guardias de Flandes, jorobados y bufones, traillas de perros, carros con servicios de mesa y guardarropas, confuso montón de armas brillantes, de dorados, de gualdrapas, de chillones trajes y de aparatosas capas La comitiva de poderosos pasea su insultante lujo en la mísera Castilla. Y el rey Felipe, ojeroso, helado, andante cadáver, seguido del favorito D. Luis de Haro, asiste impasible á los espectáculos que le ofrece la disparada miseria de los aldeanos, á juegos de pólvora, comilonas, bailes y regodeos. La comparsa real pasa como asoladora langosta Por fin, tras muchos días de fatigosísima i ornada, llegan á San Sebastián los reyes En el Monasterio del Escorial se conserva un deteEL PASEO DE LA CONCHA riorado cuadro que representa la entrada de los reyes en la capital donostiarra. La Concha, hoy tan alegre, aparece en el lienzo de un color verde aceitoso; enormes galeras ancladas cerca de Santa Clara lanzan cañonazos; -J