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sentimiento del deber patriótico cuando, inflamando por igual á los pueblos y á los Gobiernos, ahoga en los primeros toda inclinación egoísta hacia el bienestar de cada uno, y en los segundos todo prurito rutinario de embarazar el movimiento y la acción con trabas y remoras administrativas. Conmovedora y sublime fué la hermosa manifestación con que despidió el pueblo á las priu, eras tropas qae salieron de la Península á defender en Cuba la integridad del territorio; pero es más conmovedor y sublime ver cómo, á pesar de lo frágil y tornadizo de nuestra fantasía meridional, aq uellos entusiasmos primeros duran y prevalecen de tal forma, que el último batallón que ha salido de España lo ha hecho ent r e a p l a u s o s obsequios, manifestaciones patrióticas y calurosas ovaciones tan prolongadas ó más que las prodigadas á las prim e r a s tropas de refaer- zo. Tan admirable como la rápida movilización es, á nuestro juicio, esta tensión constante del espíritu j úblico, nunca tan hermosamente manifestado como con ocasión de los últimos embarques. Para quien no siente en su pecho el amor á la patria, pecará de monótono el espectáculo de esas despedidas que el telégrafo transmite á los diarios de la corte desde Corona, desde Cáliz, desde Valencia y Santanaer. Admirable y sublime monotonía es esa, gracias á la cual el corazón se eleva á cien codos de las miserias políticas, y el pueblo español se manifiesta uno, compacto é invencible. No hay mal que por bien no venga dice el refrán, y nosotros podremos dar por bien empleado mal tan grave y costoso como la guerra de Cuba si al fin de ella España encuentra respeto y consideración en el extranjero, sentimientos que Europa ha comenzado á manifestar elocuentemente hacia nuestro país con hechos tan significativos como la felicitación del ministro de la Guerra alemán á nuestro Gobierno, las cariñosas manifestaciones de elogio de la prensa francesa y la natural expeetación que nuestro valeroso arranque ha pro ducido en todos los países cultos, hecha quizá excepción de Inglaterra y de los Estados Unidos. Al ofrecer á nuestros lectores las adjuntas impresiones fotográficas del embarque y marcha de los batallones que han salido de Madrid, es como si hubiéramos enfilado nuestras máquinas á todas las capitales de donde han salido tropas con dirección á Cuba. Sin ponerse de acuerdo, y fuera de inútiles emulaciones, Madrid como Barcelona, Zaragoza como Coruña, Pamplona ooxao Sevilla, y asi muchos pueblos más, han despedido los trenes militares con manifestaciones crecientes de entusiasmo patriótico. Las corporaciones populares han obsequiado con dinero y tabaco á los expedicionarios; la piedad española ha adornado el uniforme de rayadillo con sencillos escapularios: aquellas santas imágenes de la Virgen hacia las cuales converge la devoción popular, han tomado bajo la protección de su manto á las tropas de aquí, de allá y del otro lado; finalmente, la alegre guitarra, compañera inseparable del pueblo, se ha embarcado también en los trasatlánticos para disipar los mareos de la travesía y distraer los ocios de Ja oam. paña. Más elocuentes que cuautas deseripeiones pudiéramos hacer de la despedida hecha por el pueblo de Madrid á les