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El cuadro, el conjunto de esas tertulias intimas resulta siempre altamente estético, puesto que á. formarle contribuyen también damas hermosas, como la condesa de San Eomán, la duquesa de Tarifa, las señoritas de Rivas, TJrbasa y Eubianes, y otras no menos bellas que á menudo figuran en las crónicas de sociedad; ¡como que son gala y ornato de los salones madrileños! Todo el número de BLANCO Y NEGRO fuera insuficiente para dar idea de lo que es el palacio de Viana. ¡Cómo, pues, detallar en el corto espacio de que dispongo las dos hermosas galerías, repletas de obras de arte y de soberbios tapices; el salón de los tapices de Goya, en cuyas paredes se reproducen los más notables del insigne artista; el gran comedor, severo y suntuoso, con su gran chimenea de talla y su magnifico servicio de bronce dorado del más puro estilo Imperio; la capilla gótica, que es un prodigio de elegancia, y que parece arrancada de los viejos muros de la catedral de Toledo; en fin, el salón de baile, de bellísimas proporciones, con las suntuosas arañas de cristal de rooj la hermosa Venus de bronce que parece surgir con sus lineas purísimas de su pedestal de flores, y todo aquel deco, do blanco y oro, y aquel ambiente do fiesta en el que parece flotar aún el recuerdo de uno de los más notables se dieron en los primeros años de la Eegeneia, el famoso baile de La Tarantela! Fué un baile da esos que hacen época. Las más celebradas hermosuras vistieron el precioso traje de las napolita ñas para bailar la danza clásica en la noche del lunes de Carnaval de 1887. SS. AA. las infantas doña Isabel y doña Eulalia y el infante D. Antonio acudieron de los primeros á la brillante fiesta. La aristocrática comparsa se presentó en el circulo que en el salón de baile cerraba un cordón de seda rojo, capitaneada por la bella y gentil duquesa de Alba, que sobre el lindo traje de las aldeanas de Ñapóles había colocado hermoso collar de esmeraldas y brillantes y profusión de hilos de perlas. Otras hermosuras célebres emulaban á la de Berwick, figurando entre ellas una Soholtz, una Osma (hoy señora de Cánovas) y una Fontanar (hoy condesa de San Luis) y viéndose además á la duquesa de Plasencia y su hermana la condesa de Amaranto; á la marquesa de Ayerbe y una hija de la de Sanfeliees, heridas ya ambas por la cruel dolencia que babia de arrebatarlas prematuramente al cariño do deudos y amigos; á la señorita de Molins, hoy marquesa de Pozo- Rubio; á la condesa de Cumbres Altas, hoy duquesa de la Conquista; á las señoritas de Parladé y Aguirre de Tejada, á la actual marquesa de G- aadalest, á la señorita de MihjaQs, á la gentil Rosalía Puñonrostro, que hoy lleva el titulo de marquesa de Almaguer; á la condesa de San Román, á a actual marquesa de Monistrol y a u n a hermana de la condesa de Agrela. Todas rivalizaban en gracia y gentileza. La danza popular hubo de repetirse hasta tres veces, pues nadie se cansaba de verla, y la luz del alba sorprendió á los invitados de los marqueses de Viana entre los esplendores de la fiefeta. Su recuerdo va siempre unido al palacio del iumort. il poeta. Allí no se ha vuelto á celebrar ninguna gran fiesta; -plíro i salón de los marqueses de Viana, como el antiguo salón de la duquesa de Rivas, sigue siendo trono de la elegancia y palenque del ingenio. MOETE- CRISTO Fotografías de M. Franzen hechas expresamente para BLAKCO Y NEGRO SEGUIDILLAS TRISTES Cuando aún era muy niño quedé sin padre, y mi cariño todo puse en mi madre. Si ahora me dejas, ¡no he de llorar, mirando cómo te alejas Tú á rezar me enseñaste, por ti en Dios creo, y hasta en la Virgen Santa tu imagen veo ¡Son mis amores 1 a Santisim a Virgen de los Dolores! Tú pres, madre, la prenda que yo más quiero; á tu lado vivía, y ausente muero. Ven á besarme, que en tus ojos serenos quiero mirarme. Adiós, madre del alma, madre querida; al marcharte, contigo se fué mi vida, mi pensamiento, y la luz que alumbraba mi entendimiento. FERNANno P I í í A K A Ronca está la, guitarra; sus cuerdas rotas oxnalan apagadas y tristes notas Oye sus ecos, k porque del alma mía son los reflejos. Ya te marchaste, madre, no estás conmigo ya no sé por qué canto ni lo que digo. Lloro, y tan sólo mientras cuento mis penas sé por qué lloro.