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1 presidir aq gi centro de la distinción y de Ja elegancia; hay otros retratos y caadros de gran rtéiito; sobre una gran mes ilustraciones españoles y extranjeros pregonan las- aficiones literarias de (jnien no en vano lleva un uombí- e glorioso en la laistoria de las letras; el gran piano de cola, que cubre rica tela antigua, y sobre el que descansan encerradas en artísticos marcos, fotografías de familia; la mesita del té, que parece aguardar la mano de la elega ¡g g dama que ha de servirle; y diseminados por el salón, butacas, confidentes, vis ü vis, y todos esos muebles GEAN SALÓN DE BAILE 1 cómodos y bellos que parecen convidar en las noches largas del invierno, al suave calor de la chimenea, á la conversación amena y chispeante, que va desapareciendo de los salones, donde ya sólo se rinde culto al tresillo. Pero en el salón de los marqueses de Viana se conservan antiguas tradiciones: presidido por una dama de tan fino ingenio y de tanta cultura como la que de soltera se llamó Carmen Peñaflor, y teniendo allí puesto principal los miembros todos de la familia de Eivas, quienes han heredado con la nobleza el ingenio, la conversación es allí reina absoluta. La luz elóctrici que distribuye sus brillantes claridades sobre las obras de arte de aquel salón simpático, si se me permite la frase, brilla menos que el chiste agudo con que sazonan é. menudo la conversación aquellos contertulios, para quienes parecévhaberse escrito el conocido lema. de Nobleza obliga.