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LA VIDA EN VEHANO VERANEOS MENORES Mucho ó poco, mal ó bien, todos veránearaos en España. -No me hable usted de San Sebastián, ni de Biarritz, ni de Uijón, decimos loa quo veraneamos con alpargatas y camisa de dormir; lo que yo busco os la comodida esa libertad omnímoda de la cual no se di fruta en las playas de moda. ¿Y quién, por pobre y desvalido qco so oncuettrp, no ti- no amigos en la Sierra, ó una viña nueva en la Rioja, A un fiariento lejano en cualquier olvidado rincAn do la Peiiinsu a? En las playas, m los balnoarios, en les puertos preferidos por la gente adinorada, no pasa de ser uno un veranoautu más mientras que en los pueblos el señorito de Madrid es el acontecimiento de la temporada. Al día siguit nte de su arribo, el cura, el secretario municipal y el módico del partido pasan á cumplimentarle y á ver si pueden contar con él pjra tirar á los conejos ó á las codornices. -Verá usted, verá usted; hemos de pasar una temporada daliciosa. -Poro, señores, ¡si yo no sé tirar! -No sea usted guasón; ya hemos visto la caja de cuero donde trae usted la escopeta. ¿Yo escopeta? ¡Ah, vamo? Es quo u íedos han torr- ndo por tal el catalejo que me he traído para ver el eclipso que se anuncia para ol mes que viene. ¡Cuan engañado vive usted! Esas cosas no se hacen más que en Madrid. Aquí no hay eclipses, ni toros, ni fiesta alguna que merezca la pena. Alguna granizada que otra es toda nuestra diversión durante el verano. Vivir en un pueblo es vivir en la Arcadia, conocer por dentro todo el encanto de las faenss agrícolas y pasar un verano bueno, bonito y barato. ¿Qaiere usted baños ferruginosos? Pues no tiene usted más quo pasarse las horas de c. a or on ca a del hoirero tirando del fuelle do la fragua. ¿Necesita usted baños sulfarosof? Pues, un gañán cualquiera le sirve admirablemente rceiándole el herpético rostro y todo su sor con una de esas bombas do azufrar las viñas. Los alimentos, sobre todo, son sanos, puros y in esas adulteraciones que hay quo lamentar eu las ciudades. ¡Lástima que la higiene pública nu se haya preocupado del adulterio, tanto por lo menos como nuestros poetas dramáticos! Eil los lugares tiono u. -t. ed It cho qao se puode coitar, carne quo no se puedo partir, y regaliz á codo pasto sin más trabajo que arranearlo del suelo. Para los chicos un pueblo os un edén. Un Edén- Concert con música de cigarras y conciertos nocturnos por los mochuelos. Con una vara de peroaliua se viste á la infancia; u t a vara escasa, y la cabeza al aire. ¡Jesús! dice un forastero recién llegado, ¡Cuánta granujeiia hay en este pueblo! -Hombre, ¡por Dios! -Una porción de golfos me han apedreado á la entrada. -Pues esos que toma usted por golfos son nsda menos que los hijos del diputado por esta circunscripción. -Nadie lo diría: iban descalzos de pie y pierna. -Convenido. Pero ¿cómo van en la Concha de San Sebastián los hijos de ¡a opulenta burguesía? -Es que además estaban recogiendo inmundicias en un capazo. ¡Bah! Cosas e chicos. -No; las ho viste bien: cosas de caballería mayor.