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NO HAY MAL... ETCÉTERA Hay padres terribles, paro ninguno como el Sr. Reeorolio, comandante que fué del presidio de Santoña, jefe de Orden público más tarde y hoy jubilado con 3.000 pesetas de sueldo. Recorcho tiene nna hija de veinte años, fea ella, esgalicTiada ella, y loca perdida por los pedazos de Agripino, joven aspirante á telegrafista que la conoció en el teatro Martín y desde entonces la ama. Pero que no le hablen á Recorcho de estos amores; que no le hablen, p rqlle se enfurece y chilla y da puñetazos sobre la mesa y arroja espuma por la boca. -El día que te vea asomada al balcón y note que está ese mono en la acera de enfrente, le tiro un tiesto, ha dicho Recorcho metiéndole los puños por las narices á su hija. lilla sabe cómo las gasta el autor de sus días y no se atreve á replicar ni 4 defender á Agripino, diciendo, verbigracia: -Es una injusticia muy grande la que cometes: Agripino quiere ser mi esposo; Agripino tiene muy buenos seolimientos y está para ascender á telegrafista definitivo. Además, se le va á morir una tía y será su heredero. ¿Quién convence á Recoreho de que Agripiuo vale ¿Quién tuerce su voluntad de hierro? ¿Quién le aconseja que tolere aquellos amores? Recorcho se opone con todas sus fuerzas á que Zoa, su hija, contraiga matrimonio. -No, señor; no quiero que se case. So permito que venga un bribón cualquiera con sus manos lavadas á llevárseme á la chica, i Pues no faltaba más! Si ella se casa, ¿quién va á cuidarme á mí? Esto dice Reoorcho cada vez que algún amigo trata de convencerle, y su furor aumenta cuaado sabe que Agripino escribe cartitas á Zoa y le regala pelo. ¡Si le cojo, le mato! grita Reoorcho mordiendo con desesperación la bocamanga de la levita. Zoa tiene que apelar á todos los recursos para comunicarse con su novio. El pasa todos los días por la acera de enfrente, mientras el padre se afeita en la ventana del comedor. Los enamorados se ven y se saludan con los oj s; algunas veces ella entreabre las vidrieras y arroja á Agripino una ramita de albahaca, ó un rizo de sus cabellos, ó un trozo de queso de Villalón envuelto en un papel, para demostrarle que cuando come postre se acuerda de su Agripino. Cuando éste ha cobrado su sueldo ó recibe cinco duros procedentes de la tía, corre á la administración de La Correspondencia y hace publicar las siguientes líneas en la sección de Avisos útiles: Z... mía: te am... siem... tu Agrí... Dispens... si le falto, pero tupa... es mu... bru... Reoorcho no lee nada de esto; que si llegara á eaterarse del sistema de comunicación empleado por su hija y Agripino, era capaz de irse á la Dirección general de Telégrafos y estropear al aspirante, La portera protege los amores, y más de una vez ha entregado á Zoa billetes perfumados con pachoh ó rosas de Jerioó, ó cucuruchos de bombones de chocolate, diciéndola en voz baja: -Ya sabe usted de parte de quién viene esto. ¡Ay, pobre señorito! ¡Qué desmejorado- está! Ahora le ha salido un grano- ¿Dónde? pregunta Zoa con ansiedad manifiesta. -No puede sentarse, replica la portera. Estas son cosas que salea cuando le Uevan á uno la contraria. 1