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VIAJES DE BLANCO Y NEGRO XI CÁDIZ ifS De Sevilla á Bonanza El vapor Vizcaya, q ue había de llevarme á Sanlüear por el G- uadalquivir, zarparía ¿la madrugada de Sevilla. Era conveniente, por lo tanto, dormir bordo, al pie mismo de la Torre del Oro, que como vieja nodriza balancearía mi soberbia cuna, cantándome na- nas populares ó refiriéndome algnna de las muchas historias qiue guarda en su vientre prismático: los tesoros de Samuel Leví, la prisión de doña María Coronel, las misteriosas salidas y furtivas entradas de D. Pedro Abandonó con dolor la calle de las Sierpes, que atraía y brillaba aquella noche lo mismo que un imán enrojecido, y tomando un coche frente á las Casas Consistoriales, me dirigí al muelle, dedicando un saludo de despedida á la Giralda, que recortaba el cielo con su mole. Creí ver ¡ilusiones nocturnas! que el prodigioso alminar correspondía á mi saludo: la estatua de la Fe que lo corona agitaba su bandera como un pañuelo. Y no pegué los ojos en toda la noche. Dando vueltas sobre mi mismo (porque el camarote permitía los movimientos de rotación, pero no los de traslación) presté oído á los rumores del Betis, que entraban soplando por el abierto tragaluz. Bien pronto el color primero del día, un azul tristísimo y mate, iluminó el redondel objeto de mi atención, presentándolo á mis ojos cansados como una oblea ni pequeña ni grande, proporcionada al sobre de cartas donde me encontraba metido. Procuré desdoblarme. Ruido de pasos y arrastrar de jarcias y cadenas sonaba sobre mí mientras me aviaba para subir al puente. Cuando llegué á cubierta ya habíamos pasado el puente de Triana, y el capitán amabilísimo, con esa amabilidad característica de la gente de mar, se adelantó á mis preguntas dioiéndome cariñosamente: