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Q a s h a y a u n pegote más, ¿qué i m p o r t a al muvdo 9 O como dice el jete de familia, sin pensar en los apuros del invierno ni en los apremios del prestamista: -Perdidos por mil, perdidos por mil y quinientos. A lo cual a ñ a l e la mujer hacendosa, presa de la fiehre locomotriz: -Eso es; u n año antes al hospital. De la excursión á B a y o n a indispensable p a r a todo el que veranea en San Sebastián, h a y p a r a h a b l a r todo el invierno. Q, ué deigalichaos loi soldados franceses! ¡Cuan estupendas las funciones de la Sinagoga! A la ida ¡cómo les dimos el cambio! y á la v u e l t a ¡cómo les dimos el quiebro! -Yo, me decía u n a señora, pasé el año pasado la frontera con impermeable puesto y p a r a g u a s de par en par. -Pero ¿llovía? -Sobre mojado, sí señor, porque u n a semana, antes h a b i a pasado tres faldas bajeras de cuatro abrigos y ve rano. Son u n encanto esas excursiones ver a n i e g a s heshas por el litoral en la esbelt a cesta donostiarra, ó en los ferrocarriles franceses t a n cómodos y por siempre alabados, ó en trenes tan lindos como eldeBílbaoá Portagalete y viceversa. ¡Qué g r a n pueblo debe ser ese! decía Gedeón. P o r todas las lineas del ferrocarril se va á Viceversa! El niño t r a e que c o n t a r á sus compañeros de colegio, la m a m á á las veeinas del principal y del tercero, el papá á sus colegas de oficina. -Bien venido, D. Zanón, le dicen á éste. ¿Conque han estado ustedes en Lourdes? ¡Ya lo creo! E r a u n v o t o -Sí, y a lo sé; el voto de usted en las pasadas elecciones p a n concejales. -Nada de eso; voto de mi esposa que me h a costado 500 pesetas. ¿Ye usted? I n c o n v e n i e n t e s de dar á la mujer derecho de sufragio. Poco á poco vamos conociendo á E s p a ñ a por el forro. Años hace que nos sabemos de memoria el litoral oastábrieo; al Mediterráneo llegan sin cesar trenes botijos con la flor y n a t a de los barrios bajos de Madrid; los m a r e s de P o r t u g a l van siendo familiares t a m b i é n p a r a los españoles, con más enojo que satisfacción para nuestros vecinos. Y quien dice de los maros dice de las m o n t a ñ a s Los veraneantes bollan con su atrevido pie los Pirineos, la cordillera Carpetana, la Oretana, la Mariániea, la P e n i b é t i c a ¡Olí! nos dicen, no merece usted perdón; ha estado usted en C a n t a b r i a y no se ha alargado á c o n t e m p l a r los Picos de E u r o p a -Son muchos picos. -Dos n a d a más. -Y el pico del viaje, ¿dónde lo deja usted? H a y quien se atreve á mayores excursiones llevado del espíritu a v e n t u r e r o propio de la raza. En u n s a n t i a m é n se p l a n t a n en Suiza, y no p a r a n de ver montañas, lagos y líneas fanicalaree; F r a n c i a nos ofcece u n Vichy; Italia, sus reliquias artística? Bélgica su m o n e d a de platino; el clima de Canarias es inmejorable p a r a quien no teme vivir entre ingleses, y en Baleares nos a g u a r d a n con los brazos abiertos butifarras y cJiuetas. Es preciso viajar p a r a ilustrarse. Y que los viajes sean caros, no pasa de ser u n a ilusión. Los más largos y complicados se hacen h o y sin graves molestias y á precios módicos. ¿No habéis visto por ahf, en el Salón del Heraldo y en el vestíbulo del Principo Alfonso, unos kioscos con gafas? Pues allí se a n u u c i a n excursiones á Leandros, viajes por Suiza, u n a vuelta á Barcelona, y á Madrid v u e l t a y media. Bajo los anteojos h a y u n a a b e r t u r a y o otro letrero: Échese u n a moneda de diez céntimos. TTp- LUIS ROYO VILLANOVA D I B U J O S I K C I L L A