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o s GRANDES HOMES Es el caso, señores, que cinco portugueses muy hidalgos, aunque el mejor de ellos veiidia pasteles en la Rúa Nova de Lisboa, determinaron ensanchar k s límites del reino portugue s estableciendo en África una nueva colonia que fuera honra y orgullo de! a patria, modelo de factorías, manantial de riquezas y asombro y admiración de todo el orbe. Para tan ardua empresa malvendieron los portugueses sus haciendas en breves días, sacando de ellas algunos contos de reis con que adquirieron escopetas, J víveres, útiles científicos y otros menesteres pertinentes á tan gran expedición, la cual comenzaron embarcándose los cinco en un vapor de las Mensajerías francesas que les condujo desde Lisboa á Loango, donde acabaron de pertrecharse convenientemente. Desde allí, costeando el Congo y vadeando ríos, proyectaron llegar á la desembocadura del Koango, remontar u curso hasta su confluencia con el Barbela y dirigirse al lago Aquilón da, por cuyo nombre poético y significativo le señalaron y eligieron como teatro y centro de tan nobiliaria empresa. Mas no quiso la suerte que llegasen al término de su viaje, ni á su mitad, ni aun á su quinta parte, por los muchos inconvenientes, enfermedades y tropiezos que á cada paso tenían, y no fué el menor de ellos un reparo que salió del magín del más talentudo de los cinco, llamado Ferreira, el cual cierto día, dándose una terrible palmada en la frente, mientras se comía un pedazo de pan y otro de queso exclamó desolado: ¡Estamos perdidos, señores! ¡La colonia, nuestra honra, nuestro sueño dorado, nuestro orgullo, está llamada d desaparecerl- ¿Por qué? exclamaron sus cuatro compañeros en el colmo del paroxismo. -Porque no tenemos mujeres. Esta sencilla observación de su compañero Ferreira les dio más espanto que les diera un asalto de leones, porque descubría ante sus ojos el espantable dilema de regresar á Loango abrumados con la incertidumbre de conquistar ó no conquistar mujeres, aunque todos se preciaban de galanes, ó de seguir adelante con la triste certeza de no dejar descendencia, ni huellas de su paso, ni frutos de su obra, ni testimonios de su valor heroico; y turbados sus espíritus con la magnitud de estos hechos y la variedad de ideas que les ocurrían, promovieron tan recia disputa con sus encontrados pareceres, que en un tris estuvo que no acabase la colonia á testarazos, y á puñadas y mordiscos el noble propósito de sus hidalgos corazones; y así como lo digo sucediera si el máa viejo de ellos no hubiera intervenido llegándoles al alma con patrióticas y elevadísimas razones, poniendo como remate de todas las siguientes: -Para un portugués nunca hay inconvenientes; volver atrás es una cobardía insigne; el peligro nos espora, y antes que nuestras espaldas, debe conocer nuestros rostros. ¿Qué dirá S. M. Fidelísima cuando sopa que hemos retrocedido por cuestión de faldas? ¿Qué dirá el mundo? ¡Adelante, adelante! El continente africano tiene mujeres; pues bien, las conquistaremos, aunque sean negras, amarillas ó de color de cardenillo. Yo, por la patria y por la humanidad, soy capaz de casarme con un gorda del sexo femenino. Los romanos robaron á las sabinas; los portugueses robaremos á las negras, y ¡quién sabe si la Providencia nos reserva a guna mulata que pueda pasar por blanca con ayuda de polvos de arroz! Estas razones dijo el prndente y Excmo. Sr. Sabastián Aveiro do Portas Ferradas Vasconcelos d Abrantes Puntiñus y OHveiras de Coimbra, distinguido peluquero de Lisboa y miembro de la Sociedad Geográfica de aquel reino, y todos sus compañeros de aventuras, conmovidos por tan ardorosas palabras, depusieron sus enojos y determinaron seguir adelante hasta que la suerte les deparase las mujeres qiie necesitaban antes de llegar al lago de Aquilonda ó más allá, cuanto fuese necesario, si antes no tropezaban con ellas. Así anduvieron á muy cortas jornadas varios días, consumiendo las provisiones que sacaron de Loango y reforzándolas con frutos y rj- íces silvestres, hasta que llegaron á un cabañal habitado por negros, los más feos, chatos y mal olientes que existen en toda el África.