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Con ayuda, pues, de la méquina fotográfiea vamos ofreciendo al lector estos aspectos de la vida madrileña. La iostautáneaano es artística como un dibujo, pero cumple su objeto de inforujacióu á la manera como ia noticia escueta resulta á veces más interesante que un artículo, sin ser literario como éste. Hoy hemos enfocado nuestras máquinas hacia los alrededores y el interior de la Estación del Norte, proeu- FACHADA P K I H C P A L DE LA ESTACIOK raudo reflejar el movimiento que todas las tardes se observa en aquella parte de Maiiid uu momento antes de la salida de los expresos, movimiento sugestivo y subyugante que llama fuera de Madrid al más recalcitrante madrileño, asi como al hombre más taurófilo le arrastra hacia el circo la típica animación que ofrece la calle de Alcalá una tarde de toros. Bajan sin cesar) a cuesta de San Vicente espléndidos landavx, coches de fonda y simones innumerables; trasiego general de personas y cosas se advierta en los diferentes servicios de la Estación: el despacho de billetes, los tableros ANDEN DE E Q U I P A J ü S de facturar, las resonantes carretillas que llegan atestadas de bultos al furgón de e ¡uipajes. Y la vespertina y diaria desbandada parece mayor porque la calidad y alcurnia de los que se van arrastra hacia la Estación á la cohorte innumerable de los que despiden. Cuando á éstos al fin les llega el turno, ¡qué alegría! Mas si ese día no ha de llegar, el suplicio de Tántalo es pequeño ante esta módica contribución del billete de andén.