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dos pómulos y labios del colorete que ha de ocultar lapalidez mortal del augusto enfermizo. Cuando Zola habló del colorete que Napoleón I I I se dio en el campamento, pudo responder á los que lo negaban que no fué aquel caso el único de estos grandes actores, casi todos forzosos, que se llaman reyes y emperadores y han de vivir de la impresión que en el pueblo hacen. Aquel Carlos I I de Loyola despierta el recuerdo de toda su época. Enfrente está su madre, Mariana de Austria, vulgar en su persona, triste de asESOALISATA S FOKTICO pecto. Arriba, en la biblioteca, veremos luego al Padre Everardo Nithard, que dominó con su espíritu y acabó con la España de entonces. Grandes, tristes recuerdos hay en el monasterio, colegio ó lo que sea; pero la atmósfera de recuerdos del gran Loyola los hace olvidar todos. Subamos. En el primer piso recorreremos la ancha galería llena de celdas, cuyas puertas van indicando la soledad y el retiro de aquellos Padres. En nuestra visita nos acompañan dos de ellos, que el Padre Ipiña, Rector del Colegio, ha puesto á nuestra disposición: el Padre Vinuesa, jesuíta ilustradísimo, gloria de aquella casa, y el Padre Churruca, jesuíta excepcional, porque no se parece á sus colegas del resto de la tierra. El jesuíta es generalmente reservado, afable, dulce, pero poco expansivo. El Padre Churruca es todo expansión, todo franqueza, jovialidad y buen humor; lo que se llama una excelente persona. Con ellos vamos recorriendo la galería, porque en ella y sobre cada puerta hay un cuadro más ó menos malo representando á los primeros jesuítas y sus hechos más culminantes. Los hay vestidos de árabes, de griegos, de polacos. Iban por el mundo, conquistaban los pueblos Bolos, uno á uno. Este que se ve al lado de un personaje, con turbante y calzones anohos á lo moro, es el jesuíta que e s t u v o e n Marruecos y amansó al príncipe de tal; aquél cubierto de pieles recorrió el Norte de Europa y convirtió á la fe qué sé yo cuántos hombres. I Qué de esfuerzos individuales, y qué milicia tan desparramada, tan humilde y tan poderosa! Hablen en pro de ella sus devotos y en contra sus detractores; yo no me meto en nada: cuento lo que veo La biblioteca es grande, ESCALERA P a i K C l P A L DEL COLEGIO aireada; está llena de luz, que entra por grandes ventanas. Sobre los estaates, retratos de jesuítas célebres, nombres inmortales de hombres que aunque no hubieran sido jesuítas habrían adquirido celebridad por su saber. Alguno hay cuyo nombre se encuentra con frecuencia en los libros de Voltaire porque le daba qué pensar; algún li á ¿aí W S A -í 5 t- i