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es lo que se va viendo hasta llegar á Azcoitia ó á leza; hierros hay empotrados en tierra que lo deLoyola, que todo viene á ser uno. nuncian. Allí fué concebida la idea de formar una Porque así que se ha pasado la larga calle Mayor. milicia de Dios que conquistara el mundo. con sus puertas venerandas y sus balcones salienComunica esta casa solariega con el cuerpo getes, y los tejados que se dan el pico, como las palo- neral del edificio, que los jesuítas llaman Colegio. mas, en los tejados de enfrente, al extremo de la Colegio es, y además allí acuden muchos á hacer calle se encuentra uno ya en terreno de la Com- ejercicios. Algunos hallamos que aprovechaban mepañia. No hay dia hora de desmás que mirar canso de su á la derecha, y gimnasia espiallí está. ritual para paAllí está el searse por la San Ignacio de linda alameda piedra como un en m i n i a t u r a c e n t i n e l a deque hay enfrenlante de las grate de la casa; derías del pórun paseo á la tico. Detrás de sombra m u y él la escalinata, bien pensado y la rotonda, el f o r m a n d o él t e m p l o un solo el ú n i c o templo ala maparque ó jardín n e r a de San del esíableciF r a n c i s c o el miento. Grrande, pero La parte de más chico, con a r r i b a de la su altar mayor casa, que hatodo de márbríamos de ver moles de difel u e g o forma, rentes calidanaturalmente, des y colores; el complemento un templo á la del s e g u n d o vez s e v e r o y piso. Mientras alegre: severo llegamos, ocupor lo solitario, pémonos de lo alegre por los de abajo. El lomármoles y docutorio, adonde rados y por Ja entramos para luz, esta luz de empezar á ver España que lo gente, fué para inunda todo y mí u n a g r a n pasa por todas sorpresa. partes, aunque Y no tiene, se cierre. sin e m b a r g o Fué el temn a d a de p a r plo lo primero ticular. Es el que vimos, pero locutorio de toOBAIORIO DE LA FAMILIA DEL SANTO no lo que más dos los convennos interesaba. tos, pero más A la derecha está la casa solariega de San Ignacio, grande: un suelo frotado y limpio como un espejo, que durante tanto tiempo ha estado en litigio y aí sillas de Vitoria arrimadas á las paredes, un sofá fin es de lo3 duques de Granada. Está enclavada en un lado, una mesa en otro. Pero en las paredes allí, entre la edificación más moderna del edificio. hay dos cuadros que para mí valían el viaje Parece una fortaleza, una torre cuadrada; pero como dicen los franceses. t i n venerable por los recuerdos que evoca, que su ü n retrato de Carlos I I el Hechizado y otro de agria sencillez atrae, y no se puede por menos de su madre. Pero ¡qué Carlos I I aquél! escudriñar el triste patio, la triste escalera, los trisNo es notable por la pintura, aunque sea de im tes pasillos: todo es triste allí, como debía serlo su maestro, sino por la perfecta idea que da del perdueño. Entonces se ve que indudablemente aquello sonaje. Allí está con sus labios salientes, el cabello fué faerte, ó ala de UQ castillo, ó esquina de forta- largo y como erizado, la mirada de espanto, pinta-