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Estamos en pleno país carlista. Se puede anunciar que se pagan los liberales á cinco duros pieza, y no se hallará uno. ¡Pero qué hermosísimo país! ¡Y qué país, á la vez, de paz y de guerral De paz, porque todo invita en él al reposo, á la contemplación de la naturaleza, á la vida patriarcal, que no es otra la que hacen estos pacíficos montañeses. De guerra, porque en cada pico se pueden defender diez hombres contra cien; porque aquellos montes, llenos de tradiciones y de leyendas, parece que los hizo la mano de Dios para la defensa de grandes cosas: la patria, la religión, la familia ¿Y qué es el carlismo más que una familia unida y compacta que hace cuarenta años sueña con vengar una supuesta ofensa de la manera más sangrienta y dramática? Corderos ó tigres, eso son aquellos campesinos, según caigan las pesas; ya lo dijo el poeta libretista en aquella tocata: El noble euscalduna, cordero en la paz, es tigre en la guerra. ¡Aurrerá, aurrerd! Racalapld! SAN IGNACIO ES HERIDO EN EL SITIO BE PAMPLONA Lo del racataplá no lo dijo el poeta, sino el tam- bor que oímos de nuevo en los alrededores del pueblo, y que anuncia que va á decir algo el pregonero. ¡El pregonero! ¡Cuántos años há que no oía yo estol ¡Cómo contrasta esta manera de anunciar con la cuarta plana del JSfew- York Herald ó las ocho del Times! Y sin embargo, ¿qué somos nosotros todos sino pregoneros de la opinión, y de qué vivimos si no es dé dar un cuarto al pregonero sobre lo que le sucede á todo el mundo? De Villarreal seguimos á Azcoitia, no sin oir antes nuevas representaciones de Aida á la manera que la pronuncian los franceses, con acento en la a final, ¡Aidál, y chillan las ruedas y van pasando los mansos bueyes lentos y reposados. A la izquierda, la montaña; á la derecha, el valle; un cielo azul y un sol espléndido; un silencio que sólo interrumpen de vez en cuando los fustazos del mayoral de la diligencia. Porque aún hay diligencia en estos rincones del mundo, y también al verla reposa el espíritu del ruido del vapor y de la sirena del buque Una casita en el campo, y en el campo una heredad. CASA SOLARIEGA DE SAN IGNACIO