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Unas veces, en efecto, es el municipal; otras tardes es un repórter que hace sus veces, valiéndose de este ingenioso medio para que sea más completa su información. Véase la clase: Ayer se marchó el señor presidente del Consejo de ministros. Llevaba consigo el mejor de los mundos posibles. El diputado republicano Sr. Muro salió de Madrid en el expreso de anoche. Poco antes de partir el tren, notó que le faltaba una petaca. Acabamos de despedir en la estación á. la plana mayor del silvelismo. No llevaban nada á. la mano. Hoy sale para San Sebastián el distinguido y popularísimo poeta D. Fulano. Hará en berlina todo el viaje. El probo funcionario D. Hermógenes, cesante desde ayer en virtud de la última combinación (y que, entre paréntesis, está que arde) se ha marchado en el mixto. Varios concejales del Ayuntamiento de Madrid emprendieron ayer tarde su excursión veraniega. Llevando todos sus bultos encima, llegaron al andén sin permitir siquiera que los mozos de estación les tirasen de la manta. Y así, poco á poco y día tras día, llegaremos al mes de Agosto y nos quedaremos en la corte á solas con el cloruro y el ácido fénico de la indispensable campaña higiénica. -Y tú, ¿no sales? preguntamos en la calle á un amigo. ¡Qué he de salir! nos responde alborozado. ¡To entro! Y mientras orguUosamente nos muestra la credencial, quedamos pensando que Madrid en estos días es un horno, un verdadero horno. No hay más que ver las hornadas de funcionarios públicos que salen, humeantes y calentitas, desde que D. Antonio cerró las Cortes, dando un suspiro de satisfacción. La política nos deja por tres meses. Quehacer de menos para el cloruro y para las estufas de desinfección. Jefes de partido y leaders de grupo, ministros in actu y ministros in potencia están entregados por ahí á la hidroterapia. El chorro pulverizado de la inhalación fortifica las gargantas para el futuro Parlamento; el golpe de la ducha blandea y macera en los cerebros planes de campaña para las elecciones próximas. ¡Ah! Si cada balneario tuviera su representante en Cortes Si toda playa eligiera dos ó tres diputados A la hora en que escribo estas lineas toaavla no se han hecho los nombramientos de alto personal; aún viven la vida del presupuesto los innumerables empleados llamados á ser, según se dice, los innumerables mártires de la influencia; todavía hacen antesala, creciendo en número y en armas para el combate, los candidatos cde altura para las direcciones, subsecretarías, presidencias, fiscalías, etc. entonando aquel coro de pretendientes de una zarzuela popular: Pero al vernos, nos dice: Ta le tenffo présenle Y lo mejor del caso es que no miente. Dicen que antes de una carga de caballería, próximo á sonar el trémolo prolongado de la corneta que ordena ataque, nótase en jinetes y potros instintivo temblor: castañetean las espadas contra los cascos, las espuelas contra los estribos, sobre el suelo las herraduras. ITn movimiento parecido de pánico, terror y suprema angustia se nota ahora en oficinas y centros oficiales: chocan las plumas contra los tinteros, las salvaderas con los pisapapeles, los expedientes unos contra otros, y los pies del empleado contra las baldosas, brillantes por el reciente desestero. ¡La firma! dice á la una el portero llamando á los jefes de negociado. Y éstos, con la carpeta bajo el brazo, exclaman; ¿Será éste el último día de mi vida oficial? Como siempre que llegan estos casos, se habla de la inmoralidad de estas razzias, de la perturbación consiguiente en las oficinas, de la triste inestabilidad del empleado. Pero ¿y los cesantes? ¿y los que esperan que vengan los suyos para ser repuestos en sus plazas? El sistema de año y vez empleado por los agricultores en las tierras flojas, se emplea por nuestros políticos en la administración pública, que es floja también por lo visto. Mientras el abono y el arado no mejoren la tierra, habrá campos de barbecho y campos en explotación; mientras un esfuerzo poderoso no mejore también las públicas costumbres, habrá cesantes y habrá empleados: vivirán aquéllos con la esperanza de la credencial y no trabajarán éstos por el temor al cese. ¡Caán íácil entonces la campaña electoral, que tan molesta é insufrible es para el verano por esas sierras y esos lugarones del interior! ¡i qué pronto adquirirían renombre los puertos y las playas más insignificantes! ¿Quién dio importancia á Biarritz? La izquierda dinástica. Pero ahora ya no estamos por izquierdas, ni por derechas tampoco. Empezamos á tirar por el camino de en medio. Ea tanto, el consabido trasiego de empleados tiene lugar estos días en los ministerios y oficinas de la corte. Por la puerta grande entran los funcionarios nuevos, orgullosos con su elevación y hasta con la elevación de la columna termométrioa; por la puerta de servicio bajan los cesantes en triste hilera y con mucho cuidado de no tropezar, porque allí ya no tienen á donde agarrarse. Mal verano para éstos. T malo para aquéllos también si beben agua en la oficina. Porque ¿quién sabe lo que encontrarán en el botijo? LUIS DlBÜJOB D i Clhhk ROYO VILLANOVA