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ciudadanos nos inspirásemos en el deber que nos impone la ley fundamental; si lo interpretásemos en el sentido más lato y elevado; si en aras de aquel hiciésemos el sacrificio de las pasiones egoístas, que engendra el goce de los bienes terrenales, sobre este pedazo del planeta que se llama España, veríamos renacer la venturosa edad á la cual los antiguos dieron el nombre de dorada, porque entonces el corazón humano emulaba y competía en generosa condición y noble desinterés coa la pródiga y exuberante naturaleza. Tan encarnado estaba en don Justo el sentimiento de la justicia, que dio en encomendarse con ardiente fervor á Santa Rita, de quien era especial devoto, para que inculcase el artículo VI de la Constitución átodos los españoles, y en particular á los jueces y magistrados. No sé si la justicia por la cual suspiraba el Sr. Bueno era más objetiva que subjetiva; lo cierto es que él tenía un pleito de suma importancia, y naturalmente, creía de buena fe que la razón estaba de su parte. Y con frecuencia, puesto de hinojos ante un altar de Santa Rita, no cesaba de pedir que el precepto constitucional se asentase en el entendimiento de los encargados de administrar justicia y de los demás habitantes de la Península é islas adyacentes. Pero cuando más confiado estaba D. Justo en aquel auxilio sobrenatural, vióse sorprendido en su fervorosa plegaria por la inesperada presencia de un agente de la curia, quien sin rodeos le dijo: -íío so forme usted ilusiones; no tiene usted razón. Perderá usted seguramente el pleito si hay justicia en España. Entonces D. Justo, fijando los ojos en la imagen de la santa y levantando los brazos, exclamó con voz angustiosa y suplicante: ¡Santa Rita, haz un milagro: anula el cumplimiento de la Constitución! Y la santa, que allá en el cielo oyó estas palabras, fué á ver á Santo Tomás de Aquino y le pidió consejo. -Gracias á tu intercesión, dijo el gran. filósofo, los míseros mortales bastaban logrado iinposibles; pero ese devoto tuyo pide lo absurdo. Por amplias que sean las facultades de hacer milagros que te conceda el Altísimo, no podrás abolir lo que nunca ha existido en España: la observancia de una ley. NiLO M V R I A F A B R A DIBUJOS D I M B C A C H I S