Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Todos tomamos asiento, convenientemente distanciados del autor por lo que pudiera ocurrir. El único que se colocó á su lado, sin perder de vista la bandeja de los pitillos, fue el chico autor de Eslava. ¡Venga de ahí! exclamó arqueando las cejas, como hombre inteligente y curtido en lides dramáticas. -El hálito emponzoñado, dijo D. Obdulio leyendo el titulo de su obra. Doña Irene y los niños abrieron los ojos con verdadera admiración y se dispusieron á escuchar por quinta ó sexta vez aquel cúmulo de bellezas. El joven autor de Eslava aprovechóse de la expectación que había despertado el titulo para coger un puro de diez céntimos y guardárselo disimuladamente. -M hálito emponzoñado, drama en tres actos y en verso, original de D. Obdulio Castejón y Eernández, procurador de los Tribunales del reino y socio de número del círculo La Amistad Acto 1. -Escena 1. -El Conde y Beltrán. Este con armadura y casco; aquél con bata del siglo X I y zapatillas: CONDE. Bien dices, BeUrdn, hien dices que la condesa me engaña. BELTBÁN. TU herida, conde, restaña. CONDE. Sufro cual si las lombrices se apoderasen con saña Asi dijo D. Obdulio, dando comienzo á la lectura de su notable producsión, y he de ahorrar á mis lectores el disgusto de que conozcan lo restante. Consignaré, sin embargo, que el drama no puede ser más terrorífico. El conde descubre la liviandad de la condesa, su consorte, y acuerda matarla, áeuyo efecto se vale de Beltrán, que es un pillo. El amante de Ja condesa acude á una cita; Beltrán se arroja sobre él, y cuando va á herirle en el pecho con uua daga, descubre que el verdugo de la honra del conde es su hijo, hijo de Boltrán y de una prima de la condesa Entonces, para salvarle de una muerte segura, lo disfraza de fraile y lo esconde en una carbonera. Eatra la mujer del conde: Beltrán se lo cuenta todo, y ella se mesa los pelos con desesperación; inmediatamente coge un fraseo de aguardiente venenoso y lo apura de una vez Así termina el drama de D. Obdulio. Doña Irene no podía contener las lágrimas durante la lectura, y los niños á su vez sollozaban á media voz, sobre todo el chiquitín. D. Obdulio suspendía entonces el drama para decir á su esposar- Irene, llévate al niño, que se va á poner enfermo. ¡Hijo de mi alma! gritaba la mamá acariciando al angelito. íío sufras tú, que todo es mentira. Son cosas que ha sacado papá de la imaginación. ¡Yo no quiero que maten á la condesa! exclamaba el niño sollozando. -Tranquilízate, Nemesin, decía el padre. Aquella familia, identificada en un todo con el drama paterno, demos- traba claramente que la perturbación poética del amo de la casa iiabía sido contagiosa y que la paz desaparece de las familias cuando entra la peste dramática en un domicilio honrado. D. Obdulio se ha vuelto loco, su esposa é hijos no tienen momento de tranquilidad desde que conocen el argumento del drama, y los oyentes de aquella noche memorable estamos temiendo que se nos vuelva á citar para otra lectura. El único que ha sabido aprovecharse de las circunstancias fué el joven autor manchego, que se quedó con todos los pitillos de la bandeja y con cinco puros. LUIS D I B U J O S DE M K C A C I I I S TABOADA