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LOS ZAPATOS DE PERICO -Eche usted primores y gracias, que parece que ol Señor so ha recreado en su obra cuando ha visto á Rosarito terminada del ló. Esto decían las vecinas de Rosario y cuantas personas la veían. Porque era, en verdad, Rosario una maravilla de arte. ¡Qaó ojos tan comprometedores y tan negros por dentro y, á la par, con tantas lucecitas! Qaé boca, y qué nariz, y qué hoyuelos en los rematos do la boca! y qué peló nogrol ¡y qné pestañas de todo luto, pero de toda gloria! ¡Y qué cuerpo, y qué curvas, y qué gracia, y qué voz, y qué talento natural! Ea, que Dios, efectivamente, había foj? l f mado una mujer modelo, es decir, al estiíi Kil m. Era un n guiar mozo, tirando más para verde que para blanco; de pelo negro y fuerte, ojos también negros, pero de expre. y sión dura, y en conjunto nada agradable. í luV aquel par de patillas de hoca e jacha, y I el sombrero redondo muy echadora aZa íe, ora el tipo de los guapos de la Trinidad de Málaga, ó de Triana en Sevilla, ó de la Carrera del Darro en Granada, en tiempos más felices como decía un individuo que fué del instituto de á caballo qué capitaneaba entonces el señor Juan Caballero. María Rosario se había casado con Perico porque era bueno y honrado y muy hombre vamos, valiente de verdad, según la opinión pública en Antequera. iv- i- X,