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Dado lo inusitado del eapeofcáonlo, el noble orgullo de todos los marinos y la alta alcarnia de los concurrentes, ¿no 63 fácil que sarja una cuestión de etiqueta? T en tal caso, ¿quién resuelve el conflicto? ¡El dios Nocturno con su ancora, como decía el baturro. Los marinos franceses no salen de sus barcos, por lo que pudiera tronar; los rusos no se cansan de decirles en lengua eslava: ¡Hay qae comprimirse! y en tanto el Kaiser, enorgullecido con su obra y con el homenaje de las naciones, quiere que sean testigos de su felicidad todos los duques, principes, grandes duques y pequeños soberanos de su parentela, sin olvidar á todos sus bijos, que en estos días m soltarán la mano de papá. H e r m o s o espectáculo! dirá un gran duque dirigiéndose al Kaiser. Y éste responderá: ¿Verdad que sí? ¡Oómo van á divertirse los niños! Y en seguida salió un criado diciendo: -Perdone usted por el Kaiser. ¡Cómo es esto! añadió Gladstone. ¿Crees que soy un mendigo? Los comentarios de las escuadras extranjeras puede suponérselos el curioso lector. Yo por mi pírte declaro que basta que no se den por terminados definitivamente los festejos de Kiel, no me llegará al cuerpo la camisa de once varas en que be tenido el honor de meterme. o -No digo tanto, pero alguQa cosa vendrá usted á pedir. El señor no está para nadie. -Dile que soy Q- ladstone el inglés. ¡El inglés! ¡Cuando yo dije que venía usted á pedir algo! Quedó Q- ladstone haciendo antesala, se enteró Bismarck de la visita, pero ¡oh dolor! el alemán se hizo el sueco y el inglés quedó como un chino. ¿Me querrá ese tomar el pelo? murmuró para sus adentros el canciller palpándose los tres pelitos. Y Gladstone exclamó llevándose la mano á su también mondada cabeza: -Ni tanto ni tan calvo. Mas no es cosa de salir de ella hasta el final de esta crónica, toda vez que en los telegramas del extranjero sigo encontrando tema sobrado, asunto á propósito y tela cortada. -Paes qué, me dirá quizás el lector exigente, ¿no encuentra en Madrid asuntos que desarrollar su torpe pluma? ¡Vaya si los encuentra! Y allí está, sin ir más lejos, el Congreso de los Diputados, que ha ofrecido muy pintoresco aspecto estos días pasados entre el deseo que demostraban unos pocos de aprobar el presupuesto á paso de carga, v el prurito demostrado por todos los demás en presentar enmiendas, adiciones, artículos y tiquis miquisreglamentarios que dificultasen aquella continua, pero no lenta marcha. Mas por eso mismo no quiero meterme en el palacio de las leyes, para que no se me tache de obstruccionista, ni al artículo presente de artículo adicional Prefiero, como digo, seguir en extranjis y comentar lo sucedido en Priedriscdruha, donde vive el príncipe de Bismarck desde que se retiró de la vida pública. Es el caso que míster G- ladstone (incluido también en las clases pasivas de su país) hombre eminente, hombre honrado y home rule á carta cabal, llegó accidentalmente al lugar citado (no me atrevo á escribirlo otra vez) tranquilo lugar de retiro para el ex canciller alemán, porque más precia von Bismarek su pobre nido de pluma y leves pajas, más sus queias Marchóse mollino el inglés, quedóse tranquilo el aleen Friedrisehruhe agreste y escondido, mán, y aquí acaba la historia. que halagar lisonjero las orejas Bismarck desairando á GHadstone. de Q- uillermo II, aprisionado en el metal de las doradas rejas. El suceso no ha merecido de los periódicos más que un par de lineas. ¡Tan! ¡tan! ó ¡Von! ¡von! dijo Gladsbone llamando en SI llega á ocurrir diez años hace, ¡apenas hubieran gecasa de Bismarok. mido las prensas y los cañones! DlBCTJOa DR CILLA LUIS ROYO VILLANOVA