Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ALBERTO PLA RUBIO A. LA G- UERBA! Es uno de los cuadros que con mayor justicia han atraído la atención del público. Su joven y afortunado autor ha salvado de un salto lá inmensa distancia que separa la es- fera anónima del trabajo, de las más altas cumbres de la popularidad. Y preciso es confesar que en este fenómeno no sólo han influido las envidiables facultades artísticas de que el Sr. Pía hace gala en su lienzo, sino también y más principalmente el acierto feliz con que ha elegido un tema tan popular, tan español, tan actual y sentido i) or todos, como es la marcha de un tren de tropas con dirección al teatro de la guerra. ¿Quién es el español que no recuerda ante este lienzo haber presenciado con llanto en los ojos y oprimido el pecho una escena semejante? Sea con motivo de los sucesos de Melilla, sea con ocasión de la actual guerra de Cuba, la despedida del soldado al pie del vagón está en la memoria de todos. La escena del cuadro ¡A la guerra! parece ocurrir en el andén de una estación de segundo ó tercer orden. Parece percibirse en el interior de los vagones rasgueo de guitarras y rumor de coplas entonadas por el valiente soldado español, en cuyo pecho jamás anidó la tristeza; en el suelo, brillante por la reciente lluvia, ruedan. cascaras de naranja; la gente del pueblo ha bajado al andén, ya simplemente curiosa, ya interesada en abrazar á los seres queridos que van á luchar en defensa de la patria. La parada es corta; paisanos y militares resumen su diálogo en un abrazo estrecho; corren las lágrimas; patrióticos deberes separan al hijo de sus padres y al marido de la amante esposa; el corneta, cuadrado militarmente frente al coche donde está el jefe, recibe de éste la orden de tocar atención y luego marcha.