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Y al ver más lejos uu grupo de leprosos, y á la izquierda una niüa muerta y abandonada eu la calle, y adentro un oficial mortalmente herido en brazos de sa asistente, abandonáis más que de prisa las regiones del alto y del bajo relieve y del bulto redondo, para colaros de rondón en los salones de pintura. Mala hierba han picado también los pintores. Escenas de luto y desolación, naufragios, locuras, suicidios, obreros muertos y familias mal avenidas, veis por uno, por otro y por todos lados. -Las paredes oyen, dijo el otro. Aquí podéis decir que las paredes lloran. Fortuna que el calor no ha apretado, que si no, hasta los marcos hubieran llorado á raudales lágrimas de resina y torrentes de goma y barniz. En toda Exposición hay un asunto que priva, sea por casualidad ó porque el asunto de circunstancias se impone. El último certamen celebrado en este mismo palacio coincidió con las fiestas del centenario de Colón. Todo eran Coiones en aquellas salas; cuando veíais el último, ya tuteabais al descubridor de América. Colón embarcado, Colón en tierra, Colón y los Pinzones, Colón con pinzas Muerto el perro, se acabó la Kábida; es decir, terminadas aquellas fiestas, no volvimos á saber palabra de don Cristóbal. En la Exposición del Círculo del año pasado se dieron alcaldes. Bajo una mala capa se ocultaba siempre una mala autoridad municipal. Recuerdo otra Exposición de la cual salíamos con el agua al cuelLo: había náufragos hasta en las escupideras. En otro certamen predominó la guerra de la ludependencia; en otro hizo el gasto Carlos V: cada dos pasos le veíais entrar en Yuste. Aquello era el cuento del cosmorama: ¡Calle! También aquí se ve el obelisco. Bueno; pues en la Exposición actual dominan los esposos ofendidos y los padres ultrajados. Bu cualquier rincón se falta al respeto debido á venerables canas ó se juega con la epístola de San Pablo. Cuando veis asomar por una puerta á cualquier calador con galones, creéis que va á exclamar como Yorik en Vn drama nuevo: Tiemble la esposa infiel, tiemble la ingrata, que el honor y la dicha me arrebata. Quizá este mal humor que en estancias y salones se respira, haya contagiado á los críticos y doctores del arte, quienes por punto general ponen á la actual Exposición como chupa de dómine. ¿Es buena? ¿Es mala la presente Exposición de Bellas Artes? Terrible problema que los critioos de un lado, el Jurado de otro, los artistas por aquí, la opinión por allá y la prensa por acullá, se encargarán de resolver tarde ó temprano. Claro es que cuando la cosa se pone en tela do juicio (bonito lienzo para el cuadro final de la Exposición) ni la bondad será indudable, ni la maldad rematada; pero ¿quién pone en la llaga el dedo, la balanza en el fiel y en su justo medio el fallo? Por de pronto, los artistas que á todas horas pululan por estos salones durmiendo, comiendo y haciéndolo todo junto á sus obras respectivas, que no abandonan ni á tres menciones, murmuran por lo bajo de la decisión final, que seguramente será pública cuando mire estas líneas el lector; y si los nubarrones que empiezan á iniciarse se consolidan, cuajan y rompen al fin, tengo para mí que la primera tormenta del verano va á ser artística exclusivamente. Milagro será que á puros mordiscos, gritos, protestas, ruido y algazara, no degenere la Exposición de Bellas Artes en Exposición canina, y más milagroso será que no lleguemos á confundir el certamen de cuadros y esculturas con el de abanicos, miniaturas, encajes, tabaqueras, etc. etc. De abanicos, por el viento fresco ds miniaturas, porque alguien se quedará tamañito; de encajes, por aquello de si no tienes otra mantilla y de tabaqueras, porque á mal dar, tomar tabaco Desde luego me permito aconsejar al pío lector que se apresure á visitar la Exposición, si es que ha de hacerlo, porque en cuanto so conozca el fallo del Jurado, ¿quién resiste dentro de los salones el furor de los preteridos, la saña de los rebajados, el descontento de los llamados y no escogidos? -Mira, ven aquí, nos dirán cogiéndonos por un bsazo; ¿qué crees que le han dado al autor de este cuadro? -Cuatro tiros. -Pues, no señor: ¡una medalla de segunda! ¡Ca, hombre! Será una bala, sino que se ha chafado. Y al fin y al cabo, Isabel la Católica, la del grupo de enfrente de la Exposición, tendrá qué penetrar en ésta y poner paz con la cruz levantada. Pero no adelantemos los sucesos ni las medallas de primera clase. Mi opinión particular (opiuióri desautorizada, porque no os de critico ni do artista, sino do visitante de buena fe) es favorable al actual concurso de acreedores á premio. Es verdad que, como antes dije y hacen notar también casi todos los escritores que se han ocupado del ó en el asunto, hay infinitos cuadros terroríficos y escenas horripilantes en grado sumo. Podemos exclamar con ol poeta, dirigiéndonos á la Exposición: Muertes, asolamientos, fieros males entre tus brazos cierras. Pero, en cambio, casi todos estos cuadros de desolación están mal pintados. La Providencia vela por el público y hace que á los labios del visitante asome la risa, cuando los picaros autores quisieron arrancar el quejido al pecho y el llanto á los ojos. Mas en serio, y eoueratándónos á la parte serena, pacifica y fisiológica (no patológica) de la Exposición, ¿puede decirse que ésta sea mala, cuando á pesar de no haber concurrido mucha gente de primera y muchas firmas acreditadas deben contarse hasta dos docenas de cuadros buenos, y entre ellos verdaderas revelaciones de artistas nuevos, potente y briosos?