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NOVELAS RELÁMPAGOS EL VIENTO Y LAS ROSAS ¡Vuela, jaca, vuela, que ya falta poco, que ya se- ven alo lejos las tapias del oortiio á la luz de la luna! Dentro de un momento estrecharé sus hechiceras roanos do azahar. ¡Qué ajena estará ella ahora de que yo me encuentro galopando hacia sii casa, y qué sorpresa cuando Su dolor era verdadero. ¡Bah! Esta es cualquier criada de la hacienda, que charla con su novio. Como la salita de la reja se halla en el piso bajo y los cortijeros duermen en el de arriba, es un sitio pintiparado para pelar la pava. También las maritornes tienen corazón. ¿T si fuera ella? Nadie m. 6 impide el cerciorarme por mis propios ojos; asi mataré estos celos que me abrasan. Olga inesperadamente en l o s cristales de la ventana el puñadito de arena indicándola que se asome! ¡Una noche más de charla! ¡Una noche más de oir su voz acariciándome queda, corao un murmullo, suspirante! ¡Cuánto rüe alegro de habeír llegado tarde al tren esta mañana! ¡Corre, jaca, que tenemos que volver al pueblo antes de que raye el día! ¡Cuánto lloró de dolor al despedirse, y qué lágrimas va á arrEincarle la alegría al verme! Es otra segunda agonía, pero es otro te adoro y ahora que la ausencia nos separa, tengo una sed insaciable de que me lo diga. Refrenaré el paso. No me conviene que me sientan, y esos demonios de perros de griarda tienen un oido que no se les escapa una mosca. Mejor será apearse y dejarla jaca atada á un árbol. Corriente. Ahora doblemos el huerto y llamemos á la ventana. No se mueve el más leve ruido; todo el mundo duerme. ¡Qué viento hace! II- ¿Eh? Oigo hablar en voz baja. Y es hacia el sitio donde cae la ventana. ¿Será ellsi? ¡Imposible! Soy un visionario. ¡María me adora, me lo ha jurado mil veces! No hace uña hora la dejé bañada en lágrimas por mi partida. Adelantémonos con cautela. Si me equivoco, si son alucinaciones mías, la pediré perdón de rodillas, la confesaré mis sospe ojias para que me castigue. ¡Pero si no lo son! ¡Ah, entonces! Suenan demasiado mis pasos en el silencio de la noche. T eso que voy de puntillas. Si me olfatean los perros, lo hemos echado todo á perder. ¡Dios mío! Parece su voz, su risa fresca ¡Fuera precauciones, fuera titubeos! ¡Que me sientan! ¡Yo necesito saber ahora mismo la verdad, y matarla si me es infiel! ¡Luna, amiga luna, mi amiga de las noches de felicidad, que te has ocultado para proteger mi marcha cautelosa: sal ahora, baña de luz la ventana y muéstrame de una vez mi desdicha! ni ¡Es ella, si, es ella! ¡Mi corazón no se engañaba, presentía el golpe! ¡Mientras yo volaba en mi jaca ávido de una última palabra de amor, la perjura, secado su llanto de un instante, sa olvidaba de mi, mintiendo también á otro con igual sangre fría! ¡Lo veo y no lo creo! ¿Cómo se puede fingir así? ¿Cómo se puede esconder la traición sin que se asome á la cara? ¡Ilusiones de ventura, esperanzas de una vida azul después de tristes afanes, proyectos de oro para el mañana, idilio soñado próximo á su realización, todo, todo muere esta noche serena, de luna, exactamente igual á las en que aún tenía puesta la venda en los ojos! ¿Por qué han de ser idénticas las noches dichosas y las noches tristes? ¡Más me valiera no haber vuelto! ¡El anhelo de oir de sus labios el últ mo te adoro ha sido la puñalada de mi felicidad! ¡Dios no ha querido que viviera engañado, y ha hecho que pierda el tren! y