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En una gran mesa c ue ocupaba otro salón, estaban admirablemente colocados por Serra, el comerciante- artista, que se prestó galantemente á ello, todos los abanicos regalados á la marquesa de Sófraga por las personas siguientes: D. Felipe del Ñero, doña Pilar Martínez de Irujo, duques del Infantado, marquesa de Somosancbo, duquesa viu. da de Híjar, marqueses de Baamonde, de Pacheco y de Viana, general Marín y señora, barones del Castillo de Chirel, marquesa de Cartago, señora de Vinyals, marqueses de Valdeterrazo y Sres. Sagasta, Gutiérrez Abascal, Esperanza, Domínguez y Pinat. Entre las joyas más notables figuran las enviadas pot el duque de la Eoca, duquesa viuda de Bailen, marquesa del Valle de la Paloma y hermanas, los padres de la novia, la marquesa de Squilacbe y los marqueses de Linares. El palacio que en la calle de Alcalá, frente al de su hermana la duquesa viuda de Bailen, poseen los marqueses de la Laguna, es uno, de los más bellos y menos conocidos del Madrid moderno. La escalera, de proporciones majestuosas, es de mármol blanco y se divide en dos ramales, que vuelven á unirse en uno al llegar al piso principal de la casa; el decorado, hecho por Contreras, es del más puro estilo pompeyano; grandes candelabros de bronce, que sostienen luces eléctricas, sirven para iluminarla de noche, recibiendo de día la luz cenital á través de los esmerilados cristales del techo. La alfombra, de terciopelo carmesí, se destaca sobre el mármol blanco; y en el primer descansillo una antigua y artística litera con diadema ducal parece aguardar á la dueña de aquella morada para trasladarla, como lo hicieran sus bisabuelas, á alguna fiesta palatina. En los salones, decorados con gran lujo, abundan los retratos antiguos de damas de empolvada peluca; toda una colección de marquesas de Sofraga, de Tenorio, de condesas de Eequena, presididas por una de las obras más notables de Federico de Madrazo: el retrato dé la bella marquesa de la Laguna, que el público admiró en la última Exposición de Bellas Artes, y que la representa en todo el esplendor de su juventud y de su hermosura. Entre los tapices antiguos que heredó de su madre la duquesa de la Eoca, y entre las obras de arte retrospectivo que allí se admiran, figuran cuadros notables de Lucas, de Luis Alvarez y de otros autores antiguos y modernos. Para la ceremonia del casamiento, el palacio se vistió de gala: las palmeras irguieron altivas su ramaj e espléndido, las enredaderas treparon por el mármol de la escalera, las ñores embalsamaron y embellecieron los salones, y la eelinda y el azahar tejieron guirnaldas blancas y olorosas en torno del altar donde se unieron dos nombres ilustres, los de los marqueses del Eiscal y de Sofraga, como ya se habían unido antes sus corazones. Los recién casados marcharon inmediatamente para el Cortijo de San Isidro, cercano á Aranjuez, donde transcurrirán los primeros días de su luna de miel. Allí, en aquellos floridos jardines que embelleció una Eeina, y bajo cuyas arcadas de rosas ha cruzado tantas veces el genio llevando del brazo á la hermosura; bajo cuyas bóvedas de ramaje ha resonado la voz elocuente de Castelar, el tribuno insigne, y Grrilo, el gran poeta del sentimiento, ha recitado con su voz vibrante La veriena, La chimenea campesina y tantas otras hermosas creaciones de su musa sublime; y Sagasta, el ilustre político, ha descansado de sus tareas ministeriales; y aristócratas y politices, y literatos y periodistas, han recorrido sus avenidas de tilos y nan escuchado el alegre repiqueteo de las campanas de su iglesia esas mismas campanas que hace hoy ocho días se echaban á vuelo para saludar al nuevo matrimonio... allí comenzará para los marqueses de Eiscal y de Sofraga la nueva existencia que vislumbraran en sus sueños juveniles. Que la dicha les sonría siempre. MOlíTE- OEISTO (Fotografias fíe M. Frarizen, de la Fotografía Áriistica, Principe, S 2