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A OCHO DÍAS VISTA S E BA DE VOTAR CON EQUSDAB y ASEO. %4 La lucha electoral. -Pellejos y emhucliadoK. Candidatos y sus representantes. -Facilidades al elector. EI momento crítico. Los retraídos. -Ausentes, muertos y fantásticos. La iioUvotaclón. -Un progreso en nuestras costumbres políticas En la ciudad y en los pueblos. ¡Garrotazo y t ente ministerial! -Beíiexiones. La primavera artística. -Salones y E- r- posiciones. Todo lo que no sea la lucha electoral, tiene escaso interés en estos días; el pueblo se dispone á ejercer el más sagrado de sus derechos políticos, y estamos, como quien dice, en vísperas de comicios curiados ó incurables. Madrid presenta un aspecto raro y característico, no perceptible desde luego en la calle de Alcalá ni en los pasillos del teatro, pero púolioo y notorio en los centros electorales, en los casinos políticos, en las afueras de la corte sobre todo, porque ya es sabido que el honrado gremio de contraventores del Resguardo sirve igual para un fregado que para un barrido; lo mismo entran de ocultis pellejos y más pellejos de alcohol, que cuelan en las urnas el famoso embuchado. Todo son comodidades, zalemas y reverencias para el elector; el más iusigaificante de éstos puede considerarse tan importante y conspicuo como el Gran Elector de Sajonia, y por de contado los candidatos y sus muñidores ó representantes en la tierra electoral le facilitan hasta lo imposible el más cómodo ejercicio de su derecho. -Le corresponde á usted votar, le dicen en atenta carta, en el distrito 9. sección 12, colegio electoral número 20, que está en la escuela municipal de niños de su propia calle, á mano izquierda conforme se entra. Si la sección está lejos, le llevarán en coche; por si ha extraviado la papeleta, á la puerta del colegio podrá tomar una, ó más si á tanto le lleva su amor al partido, de manos del repartidor, que las tiene á cientos; un correligionario amabilísimo le llevará de la mano, como si faera ciego, hasta la misma mesa electoral; y en fin, al ir á entregar su voto al presidente, éste le dirá después de examinar las listas: -Usted ya ha votado. -Hombre, íqué me cuenta usted? -Aquí lo dice: Votó -Yaya, pues usía perdone, dice el elector, curado en seguida de su buena fe y muy agradecido á que no le hayan metido en la cárcel. Ocioso es decir que para el año siguiente el susodicho elector forma en las honradas y nutridas filas del retraimiento y pide por Dios que le borren del censo para que nadie se moleste en pedirle el voto. ¡El retraimiento! ¡qué vicio tan feo en puro derecho constitucional! ¡cuánto se truena contra él en los periódicos! y sin embargo, todo hombre perito en amaños electorales ¡y cuidado que la clase abunda en España! cuenta en primer término con los retraídos para el logro seguro de sus fines. Dada una lista electoral, los verdaderos electores no solamente son los menos, sino que para nada preocupan á los agentes electorales. Estos, en cambio, operan cómodamente y sobre seguro: primero, sobre el núcleo de electores retraídos; segundo, sobre los electores conocidamente ausentes; tercero, sobre los fallecidos en éste y anteriores bienios electores; y cuarto, en fin, sobre los nombres fantásticos de que el censo está empedrado, como lo está el infierno de buenas intenciones. El verdadero elector deja de votar muchas veces por enfermedad repentina, por quehacer urgente, por cualquier otro caso fortuito; en cambio, los electores difuntos, los fantásticos, los ausentes de Madrid á cien leguas y los desengañados y retraídos, no dejan de presentarse puntualmente á depositar su papeleta. Antes de inventarse la multifotografía se inventó por nuestros amañadores políticos la polivotación, en virtud de la cual un hombre dispuesto es el representante en urnas de cinco ó seis electores que no quieren ó no pueden votar. En ellos está la fuerza, y lo demás son cuentos. -Vamos á ver, dice el jefe de la banda en medio del campo de operaciones; ¿has concluido ya? -Si, señor; he votado tres veces en la plaza de las Descalzas, cinco en el callejón del Perro, siete en las Ventas.