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Todo sucedía con la rapidez del pensamiento; la menor vacilación litibiera sido para Serrano una sentencia de muerte; pero sereno j con potente voz grita Viva la Reina! en medio ya del cuadro. El estrépito del regimiento, que avanzaba; el humo de la pólvora, que impedia apreciar bien lo que pasaba, y el oir aquella voz entre sus filas, determinó la confusión y el espanto. Los carlistas, en su atropellada carrera, daban con sus bayonetas en los brazos y piernas del brigadier y hasta rasgaban la piel del caballo, pero de una manera inconsciente, pues nadie pensaba más que en huir. Tal fué el terror que se apoderó de aquellos soldados. i í i- C- W- a t Las voces de mando del brigadier, que aterran á los carlistas, enardecen el ánimo de los lanceros, que llegan como tromba que se desprende de la cúspide de una montaña sobre las revueltas mieses de los valles, y el campo queda cubierto de cadáveres, en tanto que el Ángel de la Guarda extiende sobre el valiente brigadier sus blancas alas. La victoria fué completa, y Cabrera huyó entre los desordenados restos de sus deshechos batallones, siendo este brillante hecho de armas de la caballería Cristina el verdadero corolario de la sangrienta guerra. PEDRO M A N U E L D E A C U N A