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sue Y oí u n a voz quo doeia: ¡Bárbaros picadores! Después 80 rindió M. D u p o n t con toda la gente. P e r o cuando vinieron á buscarnos, oramos cadáveres los tres: Lkarhmagne, el t e n i e n t e y y o Por referencia, DIBUJOS BE ESTEVAX EDOARIÍO D E P A L A C r O LOS DIENTES DE LA VIEJA (E P I S O D I O HISTÓRICO) T e r m i n a d a la sangrienta g u e r r a de los Siete Años, las fuerzas Cristinas emprendieron en A r a g ó n la lucha con el audaz Cabrera, que, en su indómita fiereza, m i e n t r a s m a n d a b a u n puñado de hombres n o se avenía á considerarse vencido. El general Oráa m a r c h a b a sobre él en incansable persecución, seguro de que en la actividad de ella e s t r i b a b a el feliz resultado de alcanzarle a n t e s de que pudiera g a n a r las ásperas m o n t a ñ a s P a r a lograrlo, se a d e l a n t ó v a l i e n t e m e n t e con sólo la caballería. Cabrera, viéndose estrechado, resolvió j u g a r el todo por el todo, haciendo frente á aquellos aguerridos j i n e t e s con sus serenos batallones, escogiendo como t e r r e n o ventajoso las estribaciones d e n o m i n a d a s Los Dientes de la Vieja, llam a d a s así por estar formadas de u n a linea de p e q u e ñ a s y desiguales a l t u r a s s e p a r a d a s entre si por profundos arroy o s y a b r u p t a s cañada? En la vertiente de cada u n a de estas a l t u r a s formó un b a t a l l ó n en c u a d r o Enfrente de u n o de los cuadros centrales estaba el r e g i m i e n t o de lanceros 4. de Ligeros, á c u y a cabeza se veía l a airosa y gallardísima figura del brigadier D. Francisco Serrano, que lo m a n d a b a Los clarines lanzan sus v i b r a n t e s sonidos, que r e p i t e n los ecos de las m o n t a ñ a s Serrano, con voz estridente, manda cargar, y sobre u n magnifico caballo negro, verdadero r a y o de la g u e r r a se lanza á la carrera, seguro de que el r e g i m i e n t o le seguía; pero aquellos v e t e r a n o s vacilan, se detienen, y cuando repuestos de aquella inexplicable sorpresa a r r a n c a n en masa con las lanzas tendidas, y a el brigadier se había adelantado. R o m p e n las filas u n fuego aterrador; u n a b a l a da en la corona del casco de la m a n o derecha del caballo; éste, al sentirse herido, salta como muelle que se r o m p e y cae de pie e n t r e las filas del cuadro.