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corazón vi pasar presos dos sacerdotes, u n serrano y algunos peones de la obra de Santiago, que h a b í a n tenido en depósito basta entonces. Conmigo se r e u n i e r o n otros, y habiéndonos observado la caballería francesa de Palaeioj destacó c o n t r a nosotros u n o s ochenta caballos y escapamos á todo correr y dispersándonos. Y o fui perseguido h a s t a la callo del Espejo p o r c u a t r o ó cinco caballos; mas puesto en recaudo, m e alejó de aquel sitio y m e dirigí á la P u e r t a del Sol, subiendo por las gradas de San Felipe, donde hallé el cadáver de u n madrileño. Pasando luego p o r entre la artillería y t r o p a francesa en la P u e r t a del Sol, conté dentro del patio del Buen Suceso catorce madrileños muertos, y entre ellos dos amigos míos. Atravesé después la p u e r t a del B u e n Suceso que sale á l a calle de Alcalá, donde h a b í a b a s t a n t e t r o p a francesa. Me determiné á pasearla, y a l llegar frente a l a A d u a n a salía de ella u n pobre arriero con la escopeta colgada del albardón de su mulo. Afligido grandemente m i corazón al ver el g r a n riesgo que corría, m e fui á él; pero al llegar j u n t o á la casa de Valdeoarzana le detuvieron c u a t r o infantes franceses y u n oficial. Llegué apresurado al grupo, y faé t a l el fervor y ansiedad de m i alma con que m e expliqué y le defendí, que en consideración á ir fuera y de camino, precavido c o n t r a los malhechores, dejáronle ir, acompañándole yo con el salvoconducto h a s t a la Cibeles. A 1 verme el c a p i t á n de m a r i n a y t e n i e n t e coronel de la g u a r d i a de Gi- odoy, me dijo: ¡Pero, hombre del diablo, ¿á qué viene usted con los riesgos que corre por -Luego que vi salir libre á m i b u e n arriero por la P u e r t a de Alcalá, y m i r a n d o h a c i a las Monjas de San P a s c u a l observé ciiatro soldados españoles asilados porque h a b í a n pateado la cucarda francesa, según me dijo el citado t e n i e n t e coronel de m a r i n a Me bajé entonces h a c i a la fuente do Neptuno y vi bajar CADAVERlíS D E D A O I Z Y VELAEDB. -CUADKO DJÍ ÍV IN Y TUDÓ para fusilarlos c u a t r o esquiladores que, ocupados toda la m a ñ a n a en esquilar muías y hacer crines á los mismos caballos franceses del Ketiro, salían y a con sus tijeras para retirarse á sus casas; pero considerando los t i r a n o s por armas dichas tijeras, fusilaron á tres de los c u a t r o pues u n o logró escaparse m u y a f o r t u n a d a m e n t e Otros muchos v i fusilar, entre los cuales conocí á u n o del comercio, y á otro, Bernardo Morales, maestro cerrajero que vivía en la plazuela del Duque de Alba, porque le h a l l a r o n encima u n cuchillo de m o n t e Después de estas escenas me r e t i r é á m i casa lleno de coraje á llorar t a n t a s desgracias, j u r a n d o en m i corazón vengarme de los franceses en c u a n t o me fuera posible, y profesarles siempre y h a c e r que les profesaran mis hijos u n odio de raza, u n odio inextinguible. L a comisión m i l i t a r que presidía el general Qrouchy no juzgaba, sino hería como el r a y o y s e m b r a b a la m u e r t e Aquello e r a el asesinato b r u t a l legalizado. Los magistrados y los ministros de nuestros t r i b u n a l e s habíanse retirado tranquilos, en la doble seguridad de la promesa inviolable del pueblo heroico y do la promesa falaz del lugarteniente del Emperador. Canga- Arguelles dice que oyendo referir algún tiempo después al venerable D. A r i a s M o n y Velarde la desesperación de aquel t r a n c e todavía pintándose en el rostro el horror, la indignación y el espanto, exc l a m a b a b a ñ a d o en lágrimas: Y yo, lleno de buena fe, quitaba las armas de la mano d mis conciudadanos, les anunciaba la paz y les aconsejaba el sosiego, respondiendo sobre mi palabra de sus vidas! Y á mis espaldas el bárbaro enemigo se cebaba en la sangre de los que tal vez cediendo á mis instancias, haciendo hoMínaje á mis canas y respetando la toga santa que me adornaba, abandonaban la resolución, si se quiere inútil, pero noble, que habían hecho de vender muy caras sus vidas! Tal fué la sorpresa de aquellos honrados magistrados y ministros al llegarles las n o t i c i a s de aquellos incalificables atentados cometidos con t r a i c i ó n y vilipendio y entre los agravios i n a u d i t o s que los a c o m p a ñ a b a n El a u t o r del Resumen de hechos notables dice que á alganos de estos detenidos se les m u t i l a r o n a n t e s de ejecutarlos, las orejas, los labios y las narices, y que muchos fueron objeto de otros a ú n m a s i n í a n d o s ultrajes. JuAU P É R E Z D E GUZMÁN Foínfirafias Sucesor ile Laurent.