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IJn escuadrón enemigo dio u n a carga fariosa, pero los quintos resistieron bien y la r e c h a z a r o n T e n í a n y a la febril borrachera de las batallas y peleábase p o r la vida. P e r o B e r a z a distinguíase entre todos: se defendió como nadie gracias á su agilidad de montañés, y siguió terco y decidido á los fugitivos como fiera e x a l t a d a p o r el olor de l a sangre y el destrozado cuerpo de su presa. A l fin, sucio, desgarrado y sudoroso, encontróse, sin saber cómo, separado de su b a t a l l ó n Quedábanle solamente dos cartuchos que había reservado en aquella salvaje persecución, cuando, reanimándose, dos jinetes volvieron sobre él. Lleno de r a b i a y dispuesto á la lucha, cargó precipitadamente y disparó; pero al caer el carlista m a l herido, reconoció á su hermano y quedóse inmóvil, frío, moribundo, clavado en el suelo como la estatua del espanto, con el inú t i l fusil en l a mano, sin pensar en combatir, sin p e n s a r en defenders e, víctima segura del enemigo que, echándosele encima á todo escape, le partió la cabeza de u n sablazo. y o t r a vez regresaron las t r o p a s victoriosas á los sonidos de l a m a r c h a m i l i t a r T percibíanse t a m b i é n en los acordes de la madera rumores de arboleda, chasquidos de r a m a s desgajadas y el suave aleteo de la brisa que recorre l o s valles natales; y por el íntimo consorcio de la n o t a y el color, veíanse en las b r u m a s de la memoria, poetizados p o r el recuerdo, como paisaje en paleta de pintor, la casita blanca, el verde soto y la cruz bendita de la iglesia, y escuchábase el adiós de la despedida y el l l a n t o de los padres e n aquella grave consonancia d los bajos, y también h a b í a lágrimas en aquel solo de flauta que se parecía á la quejumbrosa voz de sus amadas. E l vibrador t o q u e de cornetas s o n a b a a h o r a t r i u n f a n t e y victorioso, y h a b í a en todos los rostros la satisfacción del deber cumplido y en todos los ojos el placer de l a vida librada á costa de o t r a s vidas; y e n t a n t o sobre el campo de batalla, sin u n a cruz n i u n a oración, q u e d a b a n los cuerpos de los dos h e r m a n o s q u e la g u e r r a civil, esa g r a n infame, había separado, y que la muerte, m á s c a r i t a t i v a h a b í a unido p a r a siempre. JULIO S A N T A D I B U J O S DK B S T E V A X MAEIA PERSOiNAJES HISTÓRICOS, P B MECACHIS O A u o x s o I I el (jasUy. MAKÍA -PITA ALFONSO X el Sahio. v EAMIEO I I el Monje. FELIPE el Larqo. E L INFASTE de la Cerda.