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LA ESFINGE w Í La caravana por camino incierto con recelosa indecisión avanza, temiendo á cada paso la asechanza de las nómadas tribus de! Desierto. Por todas partes el espacio aliierto se pierde en fatigosa lontananza, y donde quiera que la vista alcanza todo está triste, desolado, muerto. Ni verde selva, ni azulado monte el mar limitan de iutecunda arena en que el dócil camello hunde su planta, y sólo al fin del diáfano horizonte, brillando al sol, inmóvil y serena la misteriosa Esfinge se levanta. II que, rindiéndose al peso del bochorno, con soñolienta postración camina. Nada su sed inextinguible aplaca; antes se irrita más, cuanto más finge gratos oasis el febril anhelo. T en la remota linea se destaca la gigantesca mole de la Esfinge, impenetrable y muda como el cielo. III Buscando alivio á sus atroces penas en su camello el árabe dormita; mas ¡ay! de pronto se incorpora, y grita, y siente hervir la sangre de sus venas. Es que el simum, rompiendo sus cadenas, obscurece la bóveda infinita y con terrible convulsión agita el vasto mar de Ubicas arenas. El monstruo aselador todo lo arrasa, arrolla en desatado torbellino la caravana sin ventara, y pasa. í cuando vaelve á sosegarse el llano, allá, ciega y brutal como el Bestino, corta la Esfinge el término lejano. G. NUNEZ DE AECE Sembrado está de huesos, que calcina sol inclemente, el árido contorno, y por el aire, ardiente como un horno, no cruza ni una humilde golondrina. Alza polvo sutil densa neblina de la cansada caravana en torno, DiBCJO T H HTJEKTAS 1