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soldados rindiendo el último tributo á sus compañeros de armas sepultados para siempre en el mar, y tendrán leve idea de k impresión profunda y durable que el religioso espectáculo del otro día causó en la concurrencia numerosa y doliente que poblaba las naves del restaurado templo madrileño. El Gobierno, el Cuerpo diplomático, las Cortes, los altos Cuerpos Consultivos del Ejército y de la Armada, estuvieron brillantemente representados en el acto luctuoso. Puede decirse que si los funerales celebrados en todas las iglesias de España delataban el dolor del jueblo español, las exequias de San Francisco el Grande representaban el dolor del Estado. S. M. la Reina y SS. ÁA. las Infantas acudieron á la ceremonia ataviadas de riguroso luto, y entrsron en la iglesia sin que los sones alegres de la Marcha Real turbaran la tristeza solemne del acto religioso. EL CATAFALCO Fotoorafia hecha expresamente para BLAXCO Y NEGUO por M. I ranzen, fie la Sociedad Artistico- Foior ráfica, Principe, 22 Las frases pronunciadas por el obispo de Sión desde la sagrada cátedra respondían al general sentimiento, y de ahí el eco hallado en el corazón de los concurrentes. El misterio de la suerte del crucero, decía el orador, escondido en las profundidades del mar, no puede expresarse con palabras. Vosotros, los marinos, conocéis las perfidias del Océano y tenéis los atrevimientos del genio. Los buques son los baluartes que tiene la nación en el mar, á semejanza de los que posee en la tierra para la defen- a de la patria. El barco es leño santo, porque lleváis en él á todas partes la semilla del Evangelio. Jesús predicó en el fondo de una barquilla. Tales fueron las exequias celebradas en Madrid. Iguales en religiosidad y sentimiento, ya que no en pompa y suntuosidad, las celebradas en toda España. Pongamos como viltima y cristiana consideración á la horrible catástrofe que España llora, la frase evangélica que sirvió de tema á la hermosa oración fúnebre del obispo castrense: Fiat voluntas tua.