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LA MUERTE DEL JUGLAR EOMANCE CATALÁN DE A 1 Í 9 EL QUIMERA Hoy, cuando besaba el alba las almenas del castillo, el j u g l a r del señor r e y exhaló el postrer suspiro. E r a j o r o b a d o y cojo, de cuerpo endeble y raquítico; ¡pocos dones debió al cielo, que t a n menguado le hizo! -Descúbrale el rostro, hermana, m u r m u r a en coro el gentío; la monja sigue rezando, en t i e r r a los ojos fijos. N o h a y m a n o quo á alzar se a t r e v a el velo de blanco lino, ¡que bajo el cendal, parece que unos ojos se h a n movido! I i Con traje de cascabeles y cintajos guarnecido, han colocado en u n lecho de t a b l a s su cuerpo rígido. P o n e n á sus pies la lira, le a l u m b r a n con cuatro cirios, y u n a monja, con u n velo le cubre el semblante frío. D a m a s donceles y pajes en tropel han acudido ¡Para c o n t e m p l a r al muerto qué algazara y regocijo! De pronto á la puerta llaman, y u n heraldo al tiempo mismo desde el dintel, con voz grave, ¡Dejad paso al rey! ha dicho. ¡Cuánta gala, c u á n t a pluma! E e t e m b l a n d o cruje el piso, ¡y rumor de cascabeles al e n t r a r el r e y se h a oído! -Vamos, bufón, que y a es hora; ¡haznos reír! el r e y dijo; despierta, lebrel, y acude á mis m a n d a t o s sumiso.