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A OCHO DÍAS VISTA La Gaceta de luto. -Los, moros y el crucero- -Dos bous dtl Beina lii- gniie. Eatve di s Peñiis feroces. CampHñas contra, el victo. -Visita íi los circuios. -I. a de San nernardtno. -Los toros en Francia. -La corrida de Nimcs. -l abrWo y Miniitu. Nuestro retraso. -D. Práxedes y Carlos V. -Cria posibillstas- -Un testamento ológrafo. -Los nuevos gobcniadcrcs. -Ve re telegrájica. El inmenso dolor producido en España por la pérdida del Reina Regente no podía ser cosa efímera, fugaz y pasajera como t a n tos dolores que á menudo hieren el corazón, desfilan p o r la prensa y so h u n d e n en el olvido. No es flor de u n día la siempreviva. Músculo dolorido que al menor contacto resucita, centuplicándolos, los pasados dolores, así la pena nacional se exacerbó y reprodujo con motivo de las fúnebres páginas consagradas por la Gaceta á la declaración oficial de l a catástrofe. Los marinos desventurados, las familias enlutadas, el costoso buque perdido en u n segundo, la jelattura de la embajada mora, todo volvió á la memoria con las amargas hieles del manjar que vuelve á la boca. Y está de Dios que la horri ¿le silueta de t u r b a n t e s y alquiceles, de j a i q u e s y albornoces, siga u n i d a á todo c u a n t o se relacione con aquella nuestra g r a n desgracia. Parece ser que los moros del P e ñ ó n tienen en su poder dos botes del crucero perdido y que se resisten á entregarlos á las autoridades españolas. ¿Quedarán las cosas asi? Supongo que no, dado el valor inestimable de tales reliquias. Si para su rescate es preciso a b a n d o n a r de u n a vez la vía diplomática, que t a n cara nos cuesta con los moritos, ¿qué remedio? De todas suertes, el español más frío é indiferente está y a de moros hasta aquí. Señalando donde ustedes quieran. No pasan el tiempo en balde n i él prefecto n i el alcalde. P e ñ a l v e r y P e ñ a B a m i r o (porque y a se h a b r á n ustedes enterado de que tenemos u n a s autoridades de P y P) se han propuesto que entre dos P e ñ a s feroces salga el vicio dando voces, y aprovechando las vacaciones parlamentarias, h a n dedicado los dias santos á la persecución no menos santa de los jugadores y de los mendigos. -Señor, debió decir el jefe del cuerpo de seguridad, ¿le parece á V. E. que los guardias de orden público visiten las estaciones como los soldados? -Si, pero y o daré la lista de los templos. Y conforme á l a g u í a de S. B. los guardias con los sables á la fun e r a l a y el inspector con bastón de borlas á la sordina, penetraron en los círculos de recreo donde se ponía en práctica p a r t e del Evangelio del día: aquel pasaje donde cae con l a oreja cortada, n o Maleo, sino el propio J o r g e El alcalde á su vez l a tomó en b u e n hora con la mendicidad, y se armó en m u c h a s calles l a de San. Bernardino, que á veces es m. ás ruidosa que la de San Quintín. Sigan las simpáticas autoridades en su simpática campaña. Y á v e r si P e ñ a B a m i r o de u n lado, y P e ñ a l v e r de otro, son en el m a r vicioso de la corte lo que Scila y Caribdis, aquellas famosísimas Peñas, eran en el m a r de los antiguos. Vuelve á agitarse en F r a n c i a la cuestión t a u r i n a P o r más que se proclame la l e y G- rammiont (que es la ley marcial en m a t e r i a de toros) y t r u e n e n en P a r í s las Cámaras, el G- obierno y los t r i b u n a l e s c o n t r a la fiesta n a c i o n a l (nacional de España, se entiende) las provincias del Mediodía no opinan como la capital y creen que cada d e p a r t a m e n t o debo hacer de su capa, bien u n sayo, b i e n u n