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fi quÉp CZPÍ LAH OLAS Comienza el ancla á levar deja la amarra en la orilla, la hélice gira, y la quilla surca las ondas del mar. El humo al surgir flamea, en las jarcias muge el viento, y con grave movimiento el buque se balancea; y entre tanto que se mece prosiguiendo su camino, ve á lo lejos el marino la tierra que desparece Primero, de sn belleza ve patente la hermosura, después una niebla obscura eclipsa tanta grandeza, más tarde es mole azulada que en lontananza distmgne; luego 63 mancha que se extingue por fin niebla, sombra, nad ¡Allí deja el casto nido de sus más puros amores, y de sus dichas mejores el recuerdo más querido; y su amante pensamientíKtremola hacia la ribera u í, f x- KS Í Í -9- w 4: i i ¿S J í j i tifl r- írbe al sol obscurece; el huracán ruge fiero sobre el gig- ante hervidero de la mar, que se embravece; agita su cabellera de fuego la tempestad, y en la turbia inmensidad de las olas reverbera. El barco cruje, y le abruma el oleaje que le envuelve; sube y baja y se revuelve entre montañas de espuma.