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riño, ó de ingeniero, ó de maestrante, ó de diplomático, y allá, muy diseminados, quasi vari nantes in gurgite vasto (como dijo el otro) aparecen dos ó tres vestidos de académicos. Y para que todo sea extraño, cada nno luce uniforme distinto, porque ni aun en eso de los uniformes existe uniformidad en aquella casa. De todas suertes, cuando lo de los trajes se arregle, ¡y vaya si se arreglará! calcúlese cómo y cuánto adelantaremos en la nueva edición del Diccionario. Ya sé, ya sé que hay algunos intransigentes y díscolos para quienes es inconcebible que Tamayo, el insigne Tamayo, autor de tantos y tan hermosos dramas, se acicale y se ponga majo con la fea casaca de laureles bordados y un pantalón semiblanco, cuasi- ceniciento; y que el sabio Menéndez Pelayo, ese monstruo de erudición y de inteligencia, se presente en público, no siendo militar, parodiando á los militares, con su sombrero de tres picos; pero de esos tales, que todo lo hallan mal, de sobra sabemos que son envidiosillos que se enfurecen y se enrabian porque no pueden usar uniforme, ni aun el de petitrouge del Continental Exprés. Ríase de esos murmuradores la Real Academia, y prosiga con perseverancia atendiendo preferentemente á eso de los uniformes, que por ahí, por ahí se va De la inmortalidad á la alta cumbre. De sobra sabemos los que pensamos y discurrimos con sensatez en estas materias, la influencia decisiva que en el mejoramiento de la lengua, en la perfección de la gramática, en la creciente y progresiva bondad del léxico, ha de ejercer el hecho de que Tamayo y Menéndez Pelayo, Eehegaray y Oastelar, Campoamor y Cánovas, se den tono de hombres á la moda con la bordada, de esmerado corte y de género extra, inglés legítimo. Por seguro tengo que en las edades futuras habrá algún profundo pensador que escriba un luminosísimo trabajo sóbrelos efectos que el uso del scnibrero de tres picos produce en los estudios filológicos y en la más elefante construcción de las oraciones gramaticales. Y sea como fuere, creo que debe insistirse en lo de los uniformes (si bien hermoseándolos UQ poco) aunque sólo sea para embellecer el conjunto de aquel estrado de la nueva casa en las grandes solemnidades y en las ordinarias recepciones. A. SÁNCHEZ PÉREZ