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LA ESGEIiUA POR PASATIEMPO POB FII. IBKUT MEDIDA SALVADORA Aún hay patria, Teremundo. Los enemigos de Ja Real Academia Española podrán acosarla con los primeros aullidos del ladrido tradicional de que nos habló en ocasión solemne uno de los más conspicuos inmortales; pero no podrán desconocer que la corporación doctísima dio paso de gigante en la senda del progreso al resolver, j or unanimidad de votos, según tengo entendido, que los señores académicos vistiesen de uniforme para asistir á los actos públicos de la misma. No bá menester de encarecimientos la trascendencia de tan importante medida. Sin pasarse de listo, ni pecar por exceso de perspicacia, puede suponerse que esa fué la primera de una larga serie de reformas con que ha de conseguirse limpiar y fijar el idioma patrio y dar esplendor al ramo de sastrería. Por entonces solamente se impuso á los miembros de la corporación el deber de usar uniforme en los actos públicos, so pena (si no mienten mis noticias) de pagar una multa que alcanzaba al cincuenta por ciento de las dietas devengadas por la asistencia al acto mismo; pero está claro que, andando el tiempo, será también obligatorio el uso de uniforme en las sesiones ordinarias que semanalmente celebra la corporación; y después, en las juntas parciales délas comisiones; y más adelante, en la vía pública; y por último, para andar por casa. Sucederá entonces que algún académico entendido en estos asuntos de modas y de figurines ideará para los académicos un uniforme de diario, á más del de gala que ahora tienen, y que, entre paréntesis sea dicho, es bastante feo y muy poco vistoso de suyo. No será malo que el señor académico á quien se encomiende la tarea de reformar los figurines se fije en esta circunstancia, que redunda en desprestigio de la casa. La falta de condiciones artísticas del traje de académico es causa de que en las grandes solemnidades sólo se presenten con él los que no tienen derecho á ponerse otro. Tal académico hay que se mete en su casaca de capitán general cuál otro que ostenta reluciente y deslumbrador traje de ministro; no falta quien luzca vestidura eclesiástica, ó de ma-