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Pero el retrato de su alma privilegiada (dice D. Buenaventura Aribau, su prologista en la Colección Pávadeneyra) se encuentra en sus escritos y en sns acciones. Impávido en los peligros, fuerte en las adversidades, modesto en sus triunfos, desprendido y generoso en sus intereses, amigo de favorecer, indulgente con los esfuerzos bien intencionados de la medianía, dotado de juicio recto y clarísimo, de imaginación ein ejemplo en su fecundidad, pasó por el mundo como peregrino cuya lengua no se comprende. Sus contemporáneos no le conocieron y le miraron con indiferencia; la posteridad le ha dado una compensación justa, pero tardía, porque ha conocido que hubo un hombre que se adelantó á su siglo, que adivinó el gusto y las tendencias de otra sociedad, y que hacie ndose popular con sus gracias inagotables, anunció la aurora de una civilización que amaneció mucho después. Los soberanos, agrega el mismo biógrafo, han honrado á porfía su memoria; los magnates y protectores de las letras le han levantado monumentos; los sabios le han colmado de elogios; el pueblo ve su nombre con una especie de culto; las naciones extrañas nos le envidian; las Artes todas han reproducido su efigie y las creaciones de su fantasía bajo mil formas; la imprenta multiplica sus escritos todos los afíos y los difunde por todo el ámbito del mundo. ISTo por ser sobrado popular la biografía del inmor t s tal escritor español dejaremos de refrescar la memoria del lector amante de las letras patrias con algunos datos de la borrascosa y triste vida del gran Cervantes. Nació en Alcalá de Henares el 9 de Octubre de 1.547. Fueron sus padres D. Rodrigo Cervantes y doña Leonor de Cortinas, los cuales, si bien ilustres por nacimiento, poseían escasísimos recursos de fortuna. Hizo en su pueblo natal los primeros estudios, trasladóse á Madrid muy niño y manifestó sus aficiones por la poesía, acrecentada ante los triunfos que Lope de Rueda obtenía en el teatro. En 1568, y con motivo de los funerales de la reina Isabel, su maestro Juan López publicó unas redondillas de Cervantes, llamándole su muy caro y amado discipulo. Viéndose ya adulto y convenciéndose de que las ¿J? letras no podían darle lo necesario para vivir, pasó á Boma al servicio del cardenal Julio Acquaviva, á DOJÍ QUIJOTE DE LA MAKGIIA quien sirvió de camarero hasta que la guerra contra FKAGMENTO los turcos le prestó ocasión oportuna de emplearse en En resolución, él se enfrascó tanto on su lectura, que otros ejercicios más propios de su nacimiento y valor, se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio: y asi, del poco dormir y del mualistándose en las banderas de Marco Antonio Cocho leer, se le secó el celebro de manera que vino á perlonna, bajo las cuales hizo su primera campaña en la der el juicio. Llenósele la fantasia de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendenque tuvo lugar para socorrer á Chipre y levantar el cias, batallas, desataos, heridas, requiebros, amores, torsitio de Nicosia. mentas y disparates imposibles. Y asentósele de tal manera en la imaginación que era verdad toda aquella máEsta campaña fué un preludio de la del siguiente quina de aquellas soñadas invenciones que leia, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. año de 1571, memorable por ¡a victoria conseguida en el golfo de Lepanto por la armada que mandaba el (Primera parte, capitulo I. hijo de Carlos V, D. Juan de Austria. Cervantes acreditó su valor como soldado en tan famosa jornada, recibiendo dos arcabuzazos que le inutilizaron el brazo izquierdo, como para perpetuar el testimonio de su valor é intrepidez. Recobrada la salud, se alistó en las tropas de Ñapóles, donde sirvió á Felipe I I hasta el año 1575, época en que pasando de Ñapóles á España en la galera llamada Sol, fueron aprosados por el famoso corsario Amante Manií, renegado albánés, reputado por el más cruel de los que infestaban aquellos mares. Los dolores, aventuras y lances de su cautividad los dejó narrados en su novela de El Cautivo, intercalada en la segunda parte del Quijote. Fué rescatado por los Trinitarios en 1580, y llegado á España, dedicóse á las letras por completo, publicando la Galatea, novela pastoril donde ven muchos el origen de la famosa novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de París.