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ij uiuiís dolaiito do la, comitiva t üuobre do Jesús. Sogiin la tradición, esta soiitcucia fué lijada también subre la P u e r t a Judiciaria, que también se enseña al peregrino en la Vía Dolorosa, y estaba concebida en estos términos: Jesum Nazarenviin, suhversoreiií gentis, contemptorem Cmsaris, et falsum Messiam, ut mqjonm siuu gentis testimonio prohatu, m est, ducite ad communis supplicii locum, et ewm in ludihriis regicK majeslatis in medio dtiorum lalronum cruci ajf igite. 1, lictor, expedí cruces. Formulada esta sentencia, y y a m u y cerca del medio día, bajó Jesús las escaleras del P r e t o r i o despojáronle los soldados do su m a n t o do púrpura, pusiéronle sus vestidos, le cargaron con la Cruz, requirieron ellos los instrumentos auxiliares y preparatorios del suplicio, y la comitiva se puso en m a r c h a procedida del pregonero, que iba seguido del centurión, jefe do los soldados; cuatro de éstos daban inmediata custodia á J e s ú s La comitiva debía atravesar toda l a b a r r i a d a del Acra, formada de callejas empinadas, estrechas y erizadas de guijarros, ir después dando u n rodeo, para que fueran mayores ol ludibrio y la angustia, hacia la calle haja que llama Josefo valle de Tyropoon enfilar la puerta de Eph -aim y salir do la ciudad, tomando ol camino del G- ólgota, cerro feísimo y pelado m u y próximo á l a ciudad. Jesús, debilitado y rendido por los martirios, insomnios y fatigas do aquella noche, sofocado por el empuje de la multitud curiosa que se agolpaba á su paso, y abrumado con el peso de l a Cruz, dio con su cuerpo en t i e r r a por primera voz m u y cerca del Pretorio. Al comienzo de la Vía Dolorosa h a y una plaza dondo se supone quo ocurrió esta primera caída. A ciento veinte pasos del arco de Ecce Homo se c o n t e m p l a n las r u i n a s de u n a iglesia, consagrada on otro tiempo á Nuestra Sefiora de los Dolores. Allí fué donde Jesús encontró á su Madre, hecho no referido por los Evangelios, pero probado con la autoridad de San Bonifacio y de San Anselmo. El primero asegura que la Virgen cayó como muerta, sin poder pronunciar u n a sola palabra: Nec verhum dicere potuit: el segundo afirma quo Cristo la saludó de este modo: Salve Maler, y siguió su doloroso camino. Cincuenta pasos más lejos, y siguiendo la tradicional Vía Doloroso, de Jerusalón, e n c u e n t r a el peregrino el l u g a r donde Simón Cirineo ayudó á Cristo á llevar la Cruz. Aquí el camino hace u n recodo, dejando á mano derecha la casa que se supone ser de Lázaro el pobre, frente á la cual se emplaza la del rico avariento citado por Jesús en la famosa parábola. L a ú l t i m a callo de las que forman el Via Criicis contieno los demás lugares santificados por la agonía de Jesucristo: el solar de la casa de la Verónica, que, como es sabido, salió apiadada á la calle p a r a enjugar el rostro sudoroso, de Jesús; el sitio donde Este cayó por segunda vez, y ya fuera de la a n t i g u a ciudad, el camino donde encontró á las Santas Mujeres que l l o r a b a n y gemían por Él, contraviniendo las leyes penales, que prohibían toda demostración do simpatía hacia los condonados á muerte. De allí á la cumbre del Calvario (comprendido hoy dentro de la iglesia del Santo Sepulcro) h a h r á doscientos pasos próximamente; la longitud t o t a l de la Via Dolorosa os p r ó x i m a m e n t e u n kilómetro, y ol tiempo invertido por Jesús en recorrerla, u n a hora, según la m a y o r í a de los historiadores. (DIBUJOS DI ¡IITJEKTAS) Lcis BOYO VILLÁNOVA