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ccti o TA ILUSTRAD; ANO Y MADRID, 13 DE A E E I L DE 1895 NUM. 200 LA VIA DOLOROSA E los cuatro cerros s o t r e que está fundada Jerusalén, dos tien e n importancia indudable p a r a la historia sacra: los que, marcando el limite occidental de la ciudad, resumen la historia del pueblo judio en sus dos grandes fases: próspera y brillante la una, como historia que es del pueblo elegido de Dios; triste y miserable la otra, como historia del pueblo deieida, condenado á vagar por siempre e r r a n t e y maldito; pueblo siempre, j a m á s nación n i Estado, l a t i e r r a falta bajo sus pies, como faltó también bajo los pies de Cristo enclavado y e x p i r a n t e en la Cruz afrentosa. Sión y Aera Uámanse e n t r a m b o s montes, situados al Oeste de Jerusalén. El primero, con su templo de Salomón y su torre de David, recuerda la J u d e a triunfante y valerosa con los Macabeos, sabia y privilegiada con los profetas, rica con Salomón, pictórica de poesía con David. El segundo evoca la J u d e a i n g r a t a de los fariseos y de los escribas; su iglesia del Santo Sepulcro encierra en vasta y heterogénea construcción los últimos lugares ocupados por Cristo en la tierra: el Calvario y el Sepulcro: su Via Doloroaa, tortuosísima y estrecha, t r a e a l a memoria del cristiano las fatigosas Estaciones que el cuerpo martirizado de Jesús hubo de hacer en su ú l t i m a j o r n a d a terrenal. A este postrer camino de Cristo sobre la tierra dedica BLAKCO Y NÜGKO su número de hoy. Las dolorosas Estaciones del Vía Cruci. s tienen en las páginas siguientes intérpretes adecuados á la m a g n i t u d del tema, y a en las p l u m a s de eminentes escritores católicos, j a en los pinceles do nuestros distinguidos colaboradores artísticos. Sean estas lineas nada más á modo de sencillo itinerario, canevas ó sckema, del camino de Cristo desde que descendió, y a sentenciado, la escalera del Pretorio, h a s t a que llegado á l a cima del Grólgota se abandonó á las manos de sus ejecutores. El arco del ECCB Homo es el primer sitio venerado por el peregrino al recorrer la Via JJolorosa do Jerusalén. Sobro el arco se abre la v e n t a n a donde P i l a t o s pronunció sus famosas palabras pi esentando á Cristo coronado de espinas y con u n cetro de caña entre las manos, atadas con cordeles. L a casa de Pilatos os hoy u n a r u i n a desde la cual se descubre el vasto emplazamiento del templo de Salomón y las cúpulas y alminares do la mezquita de Ornar, edificada sobre dicho emplazamiento. A ú n parecen oirse bajo el arco del Ecce Homo los gritos de la plebe desencadenada contra Jesús y las voces roncas de los judíos: ¡Tolle! ¡tolle! ¡crucifixe! Amedrentado P i l a t o s y dejándose imponer por el pueblo, dictó la sentencia, que u n pregonero voceaba en las es-