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Porque el presidente, de acuerdo oou el ministro de la Grobernaoión, q uería llevar á los gobiernos de provincia á Domieiano, á Deoio, á Septimio Severo, á Nerón, á Diocleeiano y demás sanguinarios emperadores evocados por algún médium canóvista ó por un romerista de cuerpo entero. Los liberales, los carlistas, los republicanos en todas sus formas, clases y tamaños, sean tratados con la mayor benevolencia; pero allá donde uno de Silvela asome, ¡fuego en él! ¡mal rayo le parta! y sea lapidado como San Esteban, aunque no con piedras, sino á pucherazo limpio. Tales son las instrucciones secretas que llevan á provincias los nuevos delegados del poder central. Claro es que los perseguidos esperan mucho de la ayuda de D. Francisco, creyendo que al cabo y al ñn el susodicho tío Paco ha de venir con la consabida rebaja. Pero el Grobierno, firme en sus trece, está resuelto á que el silvelismo vea las actas y no las cate, exclamando como la zorra de la fábula: ¡Están villaverdes! -De mis amigos me libre Dios, que de mis silvelistas me libraré yo; esto ha dicho también el Sr. Cánovas en vista de la nube de langosta ministerial que so cierne en los aires, amenazando caer sobre los cargos públicos para no dejar en pie ni la leve espiga de un destinilio de seis mil reales. En vano el Gobierno dilata cuanto puede la provisión de las vacantes; cada dia que pasa son mayores los compromisos, más tuertes los resortes puestos enjuego y mayor el número de aspirantes. Ya se habla de sortear los destinos con la próxima lotería nacional, y aun do adjudicar las credenciales al mejor postor, método peregrino también, aunque no tan nuevo como el anterior, en las costumbres públicas. Ministro hay, según La Correspondencia, que ha tenido que pagar al cartero en billetes de Banco las cartas recibidas en un solo día pidiendo destinos, recordando promesas y suplicando ascensos. Se ven por Madrid muchas caras nuevas de los conservadores rurales que han llegado con el único objeto de hacer en la corte la Pascua de Eesnrreoeión, y más de un consejero de los que asistan á la festividad religiosa de mañana to maria en sus manos, no la palma que en justicia de Dios le corresponde, sino el olivo mientras el nublado pasa. Verdad es que á no ser por estas pequeñas contrariedades de familia, ¿quién tan feliz como el G- obierno actual? Se presentó ante unas Cortes enemigas como ratón que se mete en boca de gato, y éste no se movió siquiera. Sagasta se declaró el primer ministerial de Cánovas y amagó su excomunión contra todos aquellos que á D. Antonio se atraviesen; osaron los republicanos alzar ol grito, y D. Antonio les contestó leyendo nuevos y más graves telegramas de Cuba. ¿Podremos saber, decía el Sr. Pedregal, cuál es la historia de la pasada crisis? -Sí, señor, contestaba D. Antonio; hay cuatro partidas más en Santiago de Cuba, y uiUermón va para Manzanillo. ¿Cuál es el programa del nuevo Gobierno? -Pues acaba de llegar á la Habana el primero peninsular, y esta misma semana se embarcarán otros sois mil hombres. Y así sucesivamente. El fantasma del separatismo, sacado á tiempo por el Sr. Cánovas, ha matado en flor todas las interpelaciones anunciadas. ¡Gloria, pues, al hábil estadista! El Gobierno empieza con suerte, y para él no puede presentarse mejor el porvenir. De color de rosa no será; pero azul celeste, de seguro. Como que todos los días tendremos tres ó cuatro telegramas de Cuba. DiBtTJOS DH CrrjT; 4.