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cuenoia de ella, las más impacientes y los más anhelaiites de los viajeros d s ambos sexos, n o pueden abrir los ojos precisamente cuando se acercan á lo que t a n t a prisa t e n í a n por ver. Y cuando despiertan poco á poco, ellos se lanzan al andén p a r a soltar el primer requiebro ó admirar el primer paisaje, pero ellas c o n t i n ú a n dentro del coche, eobado el telón, corrida la cortinilla, especie de biombito morado que evita miradas indiscretas mientras, se arreglan los desperfectos del traje y del peinado, y, se q u i t a n las m a n c b i t a s que el polvillo negro del car bón h a dejado caer irreflexivamente y sin hacer distinciones, lo mismo encima de los almohadones qu sobre l a s cabezas en ellos reclinadas. E n esos momentos próximos al t é r m i n o del viaje, los espejitos de bolsillo n o cesan de subir y bajar, movidos epilépticamente p o r m a n o s nerviosas, y las brochitas de polvos cumplen con ligereza su misión de volver lo negro b l a n c o Después y a n o queda n a d a por andar, n i n a d a que r e s t a u r a r El t r e n ha llegado á Sevilla. Se l e v a n t a el telón, y la diva puede salir al escenario del andén á recibir saludos y bienvenidas, á correr u n a vez más en pos de lo desconocido con más tranquilidad que nunca, porque como antes de emprender el viaje de moda cumplió con parroquia, llega redimida de pasadas culpas, y según cree ella, asegurada p a r a n o pecar en mucho t i e m p o Sevilla espera á sus huéspedes vestida de gala. Sobro los esplendores de su sol, n u n c a t a n brillante y alegre como en esta época; sobre l a diafanidad de su cielo alto, esplendoroso, con todas las luces y arreboles de l a primavera, Sevilla se e n g a l a n a con sus flores, sus colgaduras y caireles. Como n o t a v i v a y chillona que desde luego s a l t a á l a vista del forastero y le promete diversiones y alegrías sin fin, los grandes carteles que a n u n c i a n l a feria y la S e m a n a S a n t a aparecen cubriendo los muros, t a p a n d o empalizadas, pegados en esta, en aquella y en esotra esquina. L a ninfa de l a F a m a parece pregonar desdo a r r i b a las excelencias del p r o g r a m a flamante; el escudo de Sevilla, con su r e y sentado y su heráldico No 8 Do, campea en sitio principal; escenas de toros, do feria, paisajes del G- aadalquivir y trozos de la Sevilla artística, hacen gráfica y sugestiva la promesa del Municipio lanzada en aquella inconmensurable invitación. Las gitanillas rebuscan en el repertorio huenaven. turas de actualidad, y en los vagones del expreso que se a p a r t a n á u n a vía de escape, q u e d a n p a l p i t a n d o las ilusiones de los viajeros que h a n t r a n s p o r t a d o y se aspiran todavía l a s a r o m a s de a r i s t o c r á t i c o s perfumes. P e r o bien p r o n t o l a b r i g a d a de mozos encargados do l a limpieza a s á l t a l o s coches, y sacudiendo con zorros, barriendo y lavando, a h o g a l a s palpitaciones y sustituye aromas con olores. (Beducciún de la Sociedad ArUsiim- Fotográfva, Príiiclpe, 22. De las ilusiones que encerró el t r e n n o queda n a d a como cuando l a feria acabe n o q u e d a r á tampoco n i n g u n a (por satisfechas ó n o logradas) en l a s viajeras y viajeros que lo o c u p a r o n ENEIQOK S E P U L V E D A DIBUJOS DE HÜEIITA. S T BRIJíQA.