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La dicha es para muchos la hierba de las pelusas, el rosal de los vallados, un nido de alondras, una palabra, un signo, un canto, un gusano de luz, una hora de sueño junto al cauce del río q ue se filtra, aunq ue á distancia, en aquella Catedral tan hermosa estos dias, el de Gloria sobre todo, en que se viste de luz y de juncia, de claveles, de rosas y jazmines. Y asi viajeras y viajeros, ellas con sus ideales y ellos con los suyos, condensados, compenetrados muchas veces los de unas y otros en un solo fin y anhelo universal, para cuyo fin y anhelo existe también, como sabéis, un lenguaje universal á su vez, el del amor, prestan reunidos al viaje de moda que se realiza en el expreso de Sevilla un tinte tan acentuado de bienestar y de alegría, que el viaje en dicho tren parece el viaje á la gloria que Murillo, un sevillano de raza, pintó unas veces y diseñó otras con trazos y pinceladas inmortales. Es el tren del placer el que avanza estas noches por los eíimarañados riscos de Sierra Morena; un tren que por la calidad y jerarquía de la mayor parte de los viajeros que conduce, debería cambiar el disco rojo de la locomotora por otro de color azul; un tren que causará la desesperaciónide muchos anarquistas; un tren de gente joven, de gente rica y feliz, que ha resuelto á tiempo el problema de la vida para que le quede espacio de gozar de ella y de los encantos que encierra. La noche transcurre rápida en ese viaje (que es, para los Jque aún no conocen Andalucía, el viaje al país de los sueños) y al clarear el alba, que ahora despunta pronto, cuándo á los montes ha reemplazado el valle, y á las arideces de la Mancha y á los monótonas tenebrosidades de la sierra las perspectivas pintorescas y risueñas de los prados de esmeralda de la tierra sevillana; cuando el rum- rum chispeante y el del acento andaluz y las cabezas sucias y desgreñadas, pero cubiertas de flores, de las guardesas de la vía anuncian el próximo arribo, en todo el espacio del cóncavo azulado se percibe y se escucha esa múltiple fermentación generadora de la naturaleza, ese trabajo armónico de la tierra on primavera, do la tierra en el amor. Un poquito después es de día. El tren parece entonces, tal es el silencio que reina, un tren de material vacio ó un tren. enfundado, porque todas las cortinillas van echadas. A la excitación nerviosa de la salida, á las conversaciones trazando planes y exponiendo proyectos para la estancia en Sevilla, reemplaza el sopor de la quietud lorzosa y el sueño que produce la trepidación acompasada del convoy. La costumbre de no madrugar se impone al fin, y á conse-