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EL VIAJE DE MODA No hay que preguntar cuál es, tratándose de los próximos días de Semana Santa y Pascua. Es el viaje á Sevilla. Ha pasado el invierno, y si no ha pasado, le quedan muy pocos días de molestarnos con sus rigores y con sus tristezas. La lluvia ya no enfanga. Una ráfaga de aire de primavera seca en cinco minutos lo que estuvo mojándose una hora. El sol tiene más fuerza que las nubes, y sus rayos alegres de tibio Huí- 1- calor nos hablan del buen tiempo que vence, del verano que se acerca y que se impondrá á todoy contra todos, y dará ruido á los nidos, y color á la hierba, y movimiento de expansión á los árboles, y aromas á las flores. Ya son cortas las noches y templaditas las madrugadas. Ya hay rumores nocturnos en el campo, porque sobre la verde hierba, en los árboles, en el agua, en el musgo, en todas partes, el amor inaugura su reinado do primavera, tiritando do frió á ratos, pero afirmándose poco á poco. Ya podrá comerse en el cortijo al airo libre y cenar con las ventanas abiertas. Ya rondarán los mozos, sin temor á coger un frió, junto á las rejas de sus mosquelas. Ya ha llegado el momento, y se siente la necesidad y se impone como exigencia de la moda el hacer el acostumbrado, el tradicional, caraeteristico y croniqueado viaje á Sevilla, que da patente de acaudalado y timbres de buen gusto. ¡Qué bonito es el expreso de Andalucía! ¡Qué animadísima está la estación de Atocha en el momento de su marcha! So sale de Madrid á una hora muy cómoda: las seis de la tarde. El día va declinando, pero aún queda luz suficiente para fijarse en los compañeros, y sobre todo en las compañeras de excursión. La mujer hace siempre este viaje con inmenso júbilo. Sevilla es la luz, el placer, la alegría, las flores, los pájaros es decir, todo lo que más seduce y más satisface al sexo débil. Sevilla es además el emporio, la gran fábrica, el manantial inagotable del azahar, la flor simbólica, y esta flor constituye el ideal de todos los momentos, el ideal soñado y ambicionado que ven desde que nacen, despiertas ó dormidas, todas las mujeres. Sevilla es, por último, el país de la buenaventura; y si la ventura es tan difícil de lograr en osto mundo y allí se puedo alcanzar completa, esto es coronada de azahar, ¿qué extraño el júbiloy la prisa con quo van las mujeres á Sevilla?