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dejaron ea el campo 15 muertos y retirado muchos heridos. En poder de nuestras tropas cayeron dos prisioneros, que fueron conducidos á Manzanillo. Por nuestra parte huho que lamentar la pérdida del teniente de la guerrilla do Cádiz, Sr. Monteverde, que murió en la acción, y las bajas por heridas de un sargento y dos soldados. Tales son las principales acciones sostenidas por nuestras r tropas, y ¿las cuales se refiere el grabado que publicamos á la cabeza de este nximero. El Cardenal BenavicJes La muerte del anciano principe de la Iglesia que ocupaba la silla metropolitana de Zaragoza, pone de actualidad la venerable figura de este ilustre purpurado, oonooidisimo en Madrid por haber desempeñado el Patriarcado de las Indias durante casi todo el reinado de D. Alfonso XII. El Bmmo. Sr. D. francisco de Paula Benavides y Navarrete nació en Baeza el año 1810. manifestando desde niño ferviente vocación para la carrera eclesiástica. Hizo sus primeros estudios én el Colegio de San Felipe Neri de su ciudad natal, continuando su carrera en el Eeal Colegio de los Apóstoles San Bartolomé y Santiago de Grranada, y en la Universidad de esta última población acabó de estudiar la Teología. Veintidós años había cumplido apenas cuando ingresó en las Ordeños militares, y cuatro años después se ordenó de sacerdote. Mediante oposición obtuvo el beneficio Curado de Colmenar do Oreja, propio de la orden de Santiago, permaneciendo tres años en él. En el año 18i0, y cuando faeron creados los Institutos do segunda enseñanza, se estableció en Baeza una cátedra de Eeligión y Moral, la asignatura de que tanto se habla ahora con motivo del nuevo plan de estudios de segunda enseñanza. Para dicha cátedra fué designado el párroco Benavides, desempeñándola siete años con tanto celo como provecho para sus discípulos, y en el año 1847 ftió nombrado arcediano de TJbeda, sitio desde el cual pasó á ser diácono de la Iglesia Catedral de Córdoba, puesto de gran importancia que Benavides ocupó con- Vmucho acierto y tino envidiable. Sus virtudes públicas y privadas, sus vastos conofeimientos, la entereza de su carácter, temFotog. de Beltrán Zaragoza) plado siempre por la moderación y la prudencia de sus procedimientos, habían ya fijado la atención de sus superiores jerárquicos, que indicaron al Grobierno la conveniencia de presentarle para una sede episcopal. El Gobierno defirió á esta indicación, y en efecto, el año 1857, cuando el sabio sacerdote contaba cuarenta y siete años, fué preconizado obispo de Sigüenza, puesto en el cual, lo mismo que en los anteriormente desempeñados, logró captarse grandes simpatías y el amor, el respeto y la gratitud de sus subordinados. El Grobierno de D. Alfonso X I I le presentó veinte años después para el importante cargo de Patriarca de las Indias; el Sumo Pontífice Pío IX no solamente aceptó la presentación, sino que confirió al virtuoso obispo de Sigüenza la púrpura cardenalicia. Cuatro años después, y por fallecimiento del virtuoso cardenal García Gil, ocupó la sede arzobispal de Zaragoza, donde gozaba grandes y generales simpatías, demostradas durante su larga enfermedad por el vecindario, las corporaciones populares y las autoridades de la Siempre Heroica. Caltañazor A los ochenta años de edad murió en Madrid el día 23 del mes pasado este aplaudido artista, desconocido para la generación presente, pero popularisimo para la anterior, y una de las glorias líricas de la vieja zarzuela española. Kació en Madrid el 10 de Noviembre de 1814, asistió á las aulas de San Isidro durante algunos años, y llevado al teatro por una afición irresistible, debutó el año 1837 en Zaragoza como actor cómico, con éxito tal, que en breve adquirió reputación grandísima y fué juzgado émulo nada menos que de Antonio Guzmán. En 1847, las parodias de Azcona La venganza de AUfonso, MI sacristán de San Lorenzo, etc. representadas en el teatro de la Cruz, pusieron de relieve las admirables dotes cómicas de Caltañazor; y cuando la zarzuela sentó definitivamente sus reales en el Circo fué tan grande el entusiasmo que produjo el ya popular artista, que su sola presencia en escena era garantía anticipada del éxito para cualquier zarzuela, de tal modo, que se consideró como un atrevimiento enorme el de los autores de M dominó aaid, Oamprodón. y Arrieta, porque en esta obra no tomaba parte el celebrado artista. Eetiróse á tiempo de la escena y ha disfrutado de tranquila vejez, habiendo desempeñado muchos años la alcaidía del barrio de Monasterio.