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A OCHO Una Interview DÍAS VISTA Una novedad. -La cabeza de la Cibeles. -Los apuros de su encierro. por tablas. -El miedo á los leones. -Bn estado de sitio céntrico. -la crisis. -Los llamados y los escogidos. -Esjada, mala y lasto. Un enroque con Felipe IT. -Las nuevas Cibeles. -Anuncios varios. -Bl respingo de la diosa. Sus optimlsnaos. -Espejismo madrileño. Los madrileños que t r a s desesperante y largo t e m p o r a l de lluvias se e c h a r o n á la calle aprovechando las tardes primeras de sol, observaron u n a novedad en la plaza de Madrid, donde se alza el colosal embalaje de la Cibeles. L a simpática madre de los dioses sacaba la cabeza por encima de la alta empalizada cubierta de anuncios y contemplaba curiosa y ávida la calle de Alcalá, que n u n c a le fué dado ver más que de reojo. -iMiradla! decíamos. ¡Qué alta está! ¡cómo le ha p r o b a d a la encerrona! ¡y su cuarto de conversión h a sido completo! Oompletísimo! ¡Mal ejemplo p a r a los liberales! ¿Quién es capaz de medir los apuros y zozobras que la Cibeles h a b r á pasado en su encierro, ella que siemp r e vivió entre el pueblo de Madrid y h a tenido que pasar en chirona la época más accidentada, episódica, difícil y calamitosa por que h a pasado el pueblo de Madrid, y aun el español todo, de mucho tiempo á esta parte? Mujer al cabo, y curiosa por consiguiente, ha debido a p l i c a r l o s oídos á todas las rendijas de su encierro p a r a enterarse de lo que pasa en Cuba, de la g u e r r a de J o l ó del naufragio horrible del crucero, de l a cuestión militar, de los escrúpulos legales de D. Práxedes, de la crisis consiguiente, más larga que dos reales de hilo- -Todo lo escucho, m. urmuraba l a diosa cada día más impaciente; pero que me trasladen otra vez si entiendo jota de lo que ocurre. ¡Oh adorable Cibeles! ¿Cómo has de entenderlo tú, s i n o acabamos de entenderlo nosotros los que hemos visto t r a n s c u r r i r l a s cosas de vallas afuera? Algún transeúnte de los que r o n d a n por allí, curioso también y amigo do aplicar el ojo por entre t a b l a y tabla, se enteró de las ansias é impaciencias de la Cibeles y se dispuso á e n t a b l a r con ella animado diálogo después de tocar la valla y convencerse de que estaba la madera para interviews. ¿P o r qué ciento de nueces, decía la diosa, me h a n encerrado como á u n a fiera? -No es por ti, sino por los leones de t u carro. ¿Aún no te has enterado ¡oh i n o c e n t e diosa! de lo muchísimo que nos asustan los leones? ¡G- uasón! Siempre vivisteis j u n t o s y j a m á s ocurrió n i n g ú n percance. -Si, pero el tiempo pasa, y no en balde; tanto, que cuando te descubran n o v a s á saber n i en dónde estás. Un poco que t ú te has adelantado y u n mucho que hemos retrocedido nosotros, b a s t a n p a r a poner entre t u s madrileños y t ú mucha tierra por medio. ¡Triste de mi! ¡Y y o que me regocijaba pensando en las fiestas de mi descubrimiento! -Pues limpíate, que estás de concejales. ¡Yo, que t a n orgullosa iba á m o s t r a r el grupo con que me h a n adornado! ¡Grupos ahora! N o se permiten n i siquiera escultóricos. -Pues qué, ¿acaso estoy en estado de sitio? -Si; en estado de sitio céntrico. ¡Búrlate ahora! L o que ocurre es que habiendo crisis, los madrileños os olvidáis de todo; p a r a vosotros ya n o hay G- aillermones, n i buques perdidos, n i g u e r r a en Mindanao- ¡Nos h a mindanao l a diosa! -Y á propósito: ¿cómo anda eso? ¿quién sube? ¿quién, vence? ¿á quién llaman? -Hasta a h o r a son m u c h o s los llamados, pero n i n g u n o el escogido. ¿Tendremos pronto G- abinete? -Sí; pero n o sabemos si será con asistencia ó sin ella. Todo depende do